viernes, 30 de enero de 2009
sábado, 24 de enero de 2009
El rizo de Ventura
.......Fe “la rizos” es la mujer más feliz de la corrala.
.......Atraviesa el patio a pasitos apresurados con los últimos rayos de luna. Cuando abre la puerta siempre se deshincha aliviada dentro de la saya al ver acostado todavía a Ventura Esquinas. Luego se sienta como de costumbre al pie del jergón y su mirada acaricia a través de la luz en blanco y negro de la estancia el rostro anguloso del durmiente. Por fin, Ventura destapa los ojos, busca y la ve; Entonces se abalanza hacia ella, con la misma ansia que en su anterior despertar, mientras rompe a llorar. Pareciera que no la hubiera visto en años. Y efectivamente así lo cree él. Después Fe se levanta y conecta un radiorreceptor en el que se gastó la plata de veinte noches de favores al ministro. Suena una ópera del Real con la que él se asombra como si la escuchara por primera vez. Al rato, como contagiado por el canto del barítono, Ventura reclama su capa y su boina. Debe marchar a la plaza Mayor a una manifestación de anarquistas. Así que se cambia aprisa y ajustándose la boina con una mano se precipita sobre el pomo de la puerta con la otra, y entonces, una vez más, se queda paralizado. Sus ojos observan el picaporte como si fuera un objeto extraño que le hubiera atrapado la mano. Invariablemente, Fe le ayuda a soltar los dedos del tirador uno por uno, y lo comienza a desvestir de forma rutinaria.
.......Ventura ya no recuerda haber escuchado la ópera, tampoco recuerda que hace unos meses su cabeza encontró un palo mal dado en una manifestación de anarquistas, y tampoco Fe le ha recordado que, un día antes de ir a esa manifestación, él mismo, Ventura, la había abandonado para siempre.
.......Atraviesa el patio a pasitos apresurados con los últimos rayos de luna. Cuando abre la puerta siempre se deshincha aliviada dentro de la saya al ver acostado todavía a Ventura Esquinas. Luego se sienta como de costumbre al pie del jergón y su mirada acaricia a través de la luz en blanco y negro de la estancia el rostro anguloso del durmiente. Por fin, Ventura destapa los ojos, busca y la ve; Entonces se abalanza hacia ella, con la misma ansia que en su anterior despertar, mientras rompe a llorar. Pareciera que no la hubiera visto en años. Y efectivamente así lo cree él. Después Fe se levanta y conecta un radiorreceptor en el que se gastó la plata de veinte noches de favores al ministro. Suena una ópera del Real con la que él se asombra como si la escuchara por primera vez. Al rato, como contagiado por el canto del barítono, Ventura reclama su capa y su boina. Debe marchar a la plaza Mayor a una manifestación de anarquistas. Así que se cambia aprisa y ajustándose la boina con una mano se precipita sobre el pomo de la puerta con la otra, y entonces, una vez más, se queda paralizado. Sus ojos observan el picaporte como si fuera un objeto extraño que le hubiera atrapado la mano. Invariablemente, Fe le ayuda a soltar los dedos del tirador uno por uno, y lo comienza a desvestir de forma rutinaria.
.......Ventura ya no recuerda haber escuchado la ópera, tampoco recuerda que hace unos meses su cabeza encontró un palo mal dado en una manifestación de anarquistas, y tampoco Fe le ha recordado que, un día antes de ir a esa manifestación, él mismo, Ventura, la había abandonado para siempre.
© Ricardo Guadalupe
sábado, 17 de enero de 2009
Eduardo Galeano (Uruguay) / Patas arriba (fragmento)
"Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia"
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Comentario: Del mundo al revés y de las relaciones que tenemos con las personas y las cosas en ese mundo es de lo que nos habla Galeano. Del ansia por poseer cosas con el único objeto de seguir poseyendo más y más. ¿De dónde surge esa necesidad? ¿Nos hace realmente felices? Tengamos claro que, una vez cubiertas las necesidades básicas, nuestro nivel de satisfacción con las cosas lo ponemos nosotros mismos. Es decir, en teoría, y por poner un ejemplo, una persona debería disfrutar tanto de un coche último modelo como de uno de hace ocho años, o de tener uno que de tener dos. La posibilidad de desplazarse en coche la va a tener igualmente. Así que tenemos por un lado a la persona que puede disfrutar de esa posibilidad de hacer viajes o de trasladar cosas pesadas con comodidad y por otro lado a la persona a la que no le satisface plenamente tal posibilidad si no es poseyendo de forma sucesiva el último modelo que vaya saliendo o comprando el tercer coche si ya tiene dos o el cuarto si tiene tres. Con las consiguientes obligaciones económicas, y por tanto laborales, que eso conlleva. Por no hablar de las obligaciones que son propias del mantenimiento y cuidado de las cosas que poseemos, y que en ese sentido pasan a poseernos a nosotros en cierta medida. Además, a todo eso hay que añadirle algo de lo que habla Galeano, el pánico a perderlas, el aferramiento a lo material y las preocupaciones que eso genera.
Lo que quiero decir con todo este rollo es que lo importante es disfrutar de las cosas y no del hecho de comprarlas. Este es el planteamiento que yo opino que ayuda a alcanzar un estado de satisfacción con las cosas, que es de lo que se trata, y no de una continua insatisfacción. Otra ventaja de este planteamiento es que resta poder al dinero en el camino hacia la felicidad. Es el dinero el que debe estar al servicio de nuestros fines, y no al revés.
Otro asunto que me gustaría destacar del texto de Galeano es la relación que tenemos con las personas en el mundo al revés. “El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa”. Y quizás esto tenga que ver con el pánico a perder las cosas al que me refería antes, o con el pánico a perder, a secas, ya sean cosas o personas. Sobre todo en el caso de aquellos que hayan sido víctimas de los coleccionistas de personas. Puesto que del mismo modo que hay gente que colecciona cosas y acumula un coche tras otro por el mero impulso de estar a la última o de tener más que nadie, también hay gente que ve a las personas como si fueran mercadería, como si fueran objetos de consumo susceptibles de ser intercambiables según fluctúe el mercado. Un mercado del mundo al revés que poco tiene de amor y sí más de las expectativas de rendimiento que puede tener un inversor de sus acciones.
Por eso, los que han sido víctimas de los coleccionistas de personas, los que no han vivido el amor con el prójimo ni los elementos de que este amor se compone según Erich Fromm, y que son: cuidado, responsabilidad, respeto, conocimiento y dar. Pues bien, por todo ello, no es de extrañar que esas víctimas, que son cada vez más, opten por el aislamiento propio de Jonás dentro de la ballena.
Como siempre, la respuesta para poner el mundo del derecho es el amor. En ese otro mundo las puertas están abiertas. Como todavía ocurre en muchos pueblos, donde si te cuelas sin darte cuenta en algún patio no te echan a patadas sino que te ofrecen su mesa y hospitalidad. No deliro. A mí me ha pasado. Sé que es posible.
Lo que quiero decir con todo este rollo es que lo importante es disfrutar de las cosas y no del hecho de comprarlas. Este es el planteamiento que yo opino que ayuda a alcanzar un estado de satisfacción con las cosas, que es de lo que se trata, y no de una continua insatisfacción. Otra ventaja de este planteamiento es que resta poder al dinero en el camino hacia la felicidad. Es el dinero el que debe estar al servicio de nuestros fines, y no al revés.
Otro asunto que me gustaría destacar del texto de Galeano es la relación que tenemos con las personas en el mundo al revés. “El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa”. Y quizás esto tenga que ver con el pánico a perder las cosas al que me refería antes, o con el pánico a perder, a secas, ya sean cosas o personas. Sobre todo en el caso de aquellos que hayan sido víctimas de los coleccionistas de personas. Puesto que del mismo modo que hay gente que colecciona cosas y acumula un coche tras otro por el mero impulso de estar a la última o de tener más que nadie, también hay gente que ve a las personas como si fueran mercadería, como si fueran objetos de consumo susceptibles de ser intercambiables según fluctúe el mercado. Un mercado del mundo al revés que poco tiene de amor y sí más de las expectativas de rendimiento que puede tener un inversor de sus acciones.
Por eso, los que han sido víctimas de los coleccionistas de personas, los que no han vivido el amor con el prójimo ni los elementos de que este amor se compone según Erich Fromm, y que son: cuidado, responsabilidad, respeto, conocimiento y dar. Pues bien, por todo ello, no es de extrañar que esas víctimas, que son cada vez más, opten por el aislamiento propio de Jonás dentro de la ballena.
Como siempre, la respuesta para poner el mundo del derecho es el amor. En ese otro mundo las puertas están abiertas. Como todavía ocurre en muchos pueblos, donde si te cuelas sin darte cuenta en algún patio no te echan a patadas sino que te ofrecen su mesa y hospitalidad. No deliro. A mí me ha pasado. Sé que es posible.
Eduardo Galeano (Uruguay) / "Los mapas del alma no tienen fronteras"
"Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.
En guaraní, ñeñé significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra traiciona el alma.
Si te doy mi palabra, me doy.
Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.
Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. El había dicho:
–Yo de aquí no salgo vivo.
En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.
Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile. Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. El es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?
Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias"
En guaraní, ñeñé significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra traiciona el alma.
Si te doy mi palabra, me doy.
Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.
Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. El había dicho:
–Yo de aquí no salgo vivo.
En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.
Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile. Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. El es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?
Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias"
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Comentario: Este es el fragmento de un discurso que Eduardo Galeano dio hace unos meses, en julio de 2008, al recibir la distinción “Ciudadano Ilustre del Bloque Regional”. Fue en Montevideo, y con la presencia de todos los presidentes de los países integrantes plenos o asociados del Mercosur (también llamado bloque regional), es decir, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Bueno, no todos, curiosamente el único que faltó a la cita fue precisamente el presidente de Uruguay.
Bien, lo que me llamó la atención de este discurso, puede que porque en aquel momento mi trabajo consistía justamente en escribir discursos para un político, fue su enorme valentía. Escuchándolo o leyéndolo se encuentra uno ante sí una radiografía de lo que ha movido y aún hoy a sus 68 años sigue moviendo a Eduardo Galeano.
Eduardo Galeano es un defensor militante de la historia y la identidad de América Latina. Ya sea en novela, ensayo o en cualquier texto suyo, e incluso me atrevería decir que en cualquiera de sus proyectos, tengan o no que ver con publicaciones, hay un espíritu de rebeldía y de permanente búsqueda de la libertad y la justicia. Es un enaltecedor del alma que al darnos su palabra se nos da a sí mismo.
Así es Galeano, alguien que para mí se ha hecho un sitio entre los grandes comunicadores de la historia de la humanidad. De ese modo, desde su verdad, sólo te deja dos opciones: O verlo como una amenaza, o verlo como un mensajero del alma, como un rebelde con causa que te está diciendo que te cambies de sitio la venda, que no la lleves más en los ojos sino en la frente, y que escribas en ella las siguientes palabras: SI LO PIENSAS, HAZLO.
Bien, lo que me llamó la atención de este discurso, puede que porque en aquel momento mi trabajo consistía justamente en escribir discursos para un político, fue su enorme valentía. Escuchándolo o leyéndolo se encuentra uno ante sí una radiografía de lo que ha movido y aún hoy a sus 68 años sigue moviendo a Eduardo Galeano.
Eduardo Galeano es un defensor militante de la historia y la identidad de América Latina. Ya sea en novela, ensayo o en cualquier texto suyo, e incluso me atrevería decir que en cualquiera de sus proyectos, tengan o no que ver con publicaciones, hay un espíritu de rebeldía y de permanente búsqueda de la libertad y la justicia. Es un enaltecedor del alma que al darnos su palabra se nos da a sí mismo.
Así es Galeano, alguien que para mí se ha hecho un sitio entre los grandes comunicadores de la historia de la humanidad. De ese modo, desde su verdad, sólo te deja dos opciones: O verlo como una amenaza, o verlo como un mensajero del alma, como un rebelde con causa que te está diciendo que te cambies de sitio la venda, que no la lleves más en los ojos sino en la frente, y que escribas en ella las siguientes palabras: SI LO PIENSAS, HAZLO.
sábado, 10 de enero de 2009
Mario Benedetti (Uruguay) / Viceversa
"Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa."
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa."
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Comentario: Este poema, al igual que “Táctica y estrategia”, está incluido en el libro “Poemas de otros”, el primero que escribió en el exilio. Y, también del mismo modo que “Táctica y estrategia”, está escrito con la voz de uno de sus heterónimos, de sus alter ego: Martín Santomé, el personaje protagonista de su afamada novela “La tregua”. Y quizás en esos momentos eligió dar rienda suelta a sus heterónimos porque el destierro, más allá de una condición, debe ser que se convierte en un sentimiento por el cual uno teme ser dueño hasta de su propia voz, y es posible que por ese motivo se pensara más que nunca el hecho de apropiarse de lo que escribía, atribuyéndoselo a menudo a personajes de ficción que habían nacido de su mundo imaginario, pero que estaban igualmente exiliados.
En “Viceversa” nos habla de ese todo al que nos empuja el amor de pareja, de esa fuerza de atracción, que es al mismo tiempo de acción y reacción, de causa y efecto. No hay amor sin renuncia, puesto que sólo tenemos dos manos, y un único corazón. Y el camino del amor irradia luz y alegría, dos palabras que contenía el nombre y apellidos de la mujer de Benedetti, pero nos aparta de ese camino solitario que ha cumplido su función y en el que nos sentíamos tan cómodos al haber facilitado que, al menos de forma aproximada, nos veamos autosuficientes y con todo bajo control.
La cuestión es que ese camino en el que hemos conseguido vernos a nosotros mismos es el que hace posible que veamos también al otro, y el que hace posible que estemos preparados para una relación de pareja, como una sucesión natural que no tiene por qué ocurrir pero que tampoco hay que negar si se da el caso.
Aún así, el miedo, consciente o no, parece difícil de evitar cuando nos encontramos o reencontramos con el amor, como si fuera parte consustancial del encuentro, que lo es. Puede que hasta sea necesario, puesto que, valga la comparación, se me ocurre que todo buen piloto o navegante que se precie como tal tiene al miedo como aliado en cierta medida, en la medida en que le ayuda a no naufragar.
Y no se trata de hacer una exaltación del miedo, y en absoluto de ese miedo paralizante, de ese miedo castrador. Pero sí se trata de ser comprensivo hacia él. Porque al fin y al cabo nos está avisando del cambio, del cruce de caminos. Por delante se nos está abriendo un camino de luz y alegría, de colores y esperanzas. Y el miedo lo que hace fundamentalmente es recordarnos ese otro camino que vamos a dejar, y que, asumámoslo, corremos el riesgo de echar de menos.
Esto lo expresó muy bien Benedetti, aunque se refiriera a conceptos algo distintos, cuando diez años después pudo por fin regresar a su patria, y a su amor: “Junto con una concreta esperanza de regreso, junto con la sensación inequívoca de que la vieja nostalgia se hace noción de patria, puede que vislumbremos que el sitio será ocupado por la contranostalgia, o sea, la nostalgia de lo que hoy tenemos y vamos a dejar: la curiosa nostalgia del exilio en plena patria”.
En “Viceversa” nos habla de ese todo al que nos empuja el amor de pareja, de esa fuerza de atracción, que es al mismo tiempo de acción y reacción, de causa y efecto. No hay amor sin renuncia, puesto que sólo tenemos dos manos, y un único corazón. Y el camino del amor irradia luz y alegría, dos palabras que contenía el nombre y apellidos de la mujer de Benedetti, pero nos aparta de ese camino solitario que ha cumplido su función y en el que nos sentíamos tan cómodos al haber facilitado que, al menos de forma aproximada, nos veamos autosuficientes y con todo bajo control.
La cuestión es que ese camino en el que hemos conseguido vernos a nosotros mismos es el que hace posible que veamos también al otro, y el que hace posible que estemos preparados para una relación de pareja, como una sucesión natural que no tiene por qué ocurrir pero que tampoco hay que negar si se da el caso.
Aún así, el miedo, consciente o no, parece difícil de evitar cuando nos encontramos o reencontramos con el amor, como si fuera parte consustancial del encuentro, que lo es. Puede que hasta sea necesario, puesto que, valga la comparación, se me ocurre que todo buen piloto o navegante que se precie como tal tiene al miedo como aliado en cierta medida, en la medida en que le ayuda a no naufragar.
Y no se trata de hacer una exaltación del miedo, y en absoluto de ese miedo paralizante, de ese miedo castrador. Pero sí se trata de ser comprensivo hacia él. Porque al fin y al cabo nos está avisando del cambio, del cruce de caminos. Por delante se nos está abriendo un camino de luz y alegría, de colores y esperanzas. Y el miedo lo que hace fundamentalmente es recordarnos ese otro camino que vamos a dejar, y que, asumámoslo, corremos el riesgo de echar de menos.
Esto lo expresó muy bien Benedetti, aunque se refiriera a conceptos algo distintos, cuando diez años después pudo por fin regresar a su patria, y a su amor: “Junto con una concreta esperanza de regreso, junto con la sensación inequívoca de que la vieja nostalgia se hace noción de patria, puede que vislumbremos que el sitio será ocupado por la contranostalgia, o sea, la nostalgia de lo que hoy tenemos y vamos a dejar: la curiosa nostalgia del exilio en plena patria”.
Mario Benedetti (Uruguay) / Táctica y estrategia
"Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites."
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites."
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Comentario: Lo cierto es que no soy un hincha de Mario Benedetti, pero sí está fuera de toda duda su gran capacidad para expresar pensamientos con una claridad que hace posible dar una apariencia sencilla, casi transparente, a sentimientos muy complejos.
En “Táctica y estrategia”, con un lenguaje accesible a más no poder, nos presenta la ceremonia de la seducción, las artes que el enamorado sigue para atraer la atención de su amada, el tradicional rito con el que un hombre busca “construir con palabras un puente indestructible” que le conecte con esa mujer a la que ronda, para “quedarse en su recuerdo”, para conocerse, para querer entenderse y para que llegue ese día en el que ella avance también por el puente y se encuentre con él en pleno centro, sobre el río, y construir así juntos un poderoso y revelador amor en pareja.
Y en eso sí, en eso sí que Benedetti es un maestro incontestable para todos. Y su amor, el que construyó junto a Luz López Alegre, quedará de ejemplo en los manuales inmortales y atemporales del amor. Se identificaron como compañeros de vida y fueron fieles a sí mismos y a lo que les unía por encima de las adversas circunstancias que les salieron al paso. El ritmo vital que compartían, y que les hacía bailar tan compenetrados, superó cosas como la persecución política de Mario y su exilio de Uruguay, donde Luz tuvo que quedarse para cuidar a las madres de ambos, lo cual les supuso estar separados durante nada menos que diez años.
Pero, ¿estaban separados realmente? Los textos que Benedetti escribió durante ese tiempo demuestran que no. De alguna manera se sentían muy cerca, al lado el uno del otro. Una prueba impuesta y no buscada de que aquello que habían construido tenía sólidos pilares, y una prueba de que cuando se crece de ese modo en el amor de pareja los tallos de éste son más largos y fuertes que el espacio o el tiempo.
En “Táctica y estrategia”, con un lenguaje accesible a más no poder, nos presenta la ceremonia de la seducción, las artes que el enamorado sigue para atraer la atención de su amada, el tradicional rito con el que un hombre busca “construir con palabras un puente indestructible” que le conecte con esa mujer a la que ronda, para “quedarse en su recuerdo”, para conocerse, para querer entenderse y para que llegue ese día en el que ella avance también por el puente y se encuentre con él en pleno centro, sobre el río, y construir así juntos un poderoso y revelador amor en pareja.
Y en eso sí, en eso sí que Benedetti es un maestro incontestable para todos. Y su amor, el que construyó junto a Luz López Alegre, quedará de ejemplo en los manuales inmortales y atemporales del amor. Se identificaron como compañeros de vida y fueron fieles a sí mismos y a lo que les unía por encima de las adversas circunstancias que les salieron al paso. El ritmo vital que compartían, y que les hacía bailar tan compenetrados, superó cosas como la persecución política de Mario y su exilio de Uruguay, donde Luz tuvo que quedarse para cuidar a las madres de ambos, lo cual les supuso estar separados durante nada menos que diez años.
Pero, ¿estaban separados realmente? Los textos que Benedetti escribió durante ese tiempo demuestran que no. De alguna manera se sentían muy cerca, al lado el uno del otro. Una prueba impuesta y no buscada de que aquello que habían construido tenía sólidos pilares, y una prueba de que cuando se crece de ese modo en el amor de pareja los tallos de éste son más largos y fuertes que el espacio o el tiempo.
domingo, 4 de enero de 2009
Cristina Peri Rossi (Uruguay) / La rebelión de los niños (fragmento)
"En realidad, la profundidad me da vértigo. Por eso he decidido no pensar más, para no caerme. La menor cosa: La meditación acerca de una pequeña pieza del motor de un automóvil, me conduce, por asociaciones y analogías, a otras meditaciones, y así sucesivamente, de manera que la pequeña pieza del motor del automóvil se convierte en el centro de un universo de inquisiciones, de las cuales el vértigo se desprende, como fruto maduro, y con él yo me caigo al pozo, un pozo que me da miedo.
Los demás no tienen pozo o lo han tapado. Si consiguiera bastante arena, yo también lo taparía, pero no creo que alcanzara la que he visto en las playas, y además, es una arena sucia: Tiene deshechos de embarcaciones, de bañistas y de amantes. El amor también deja sus huellas. Sus desperdicios, sus residuos, y a veces el viento, el mar, la brisa que sopla, no se los quieren llevar.
Y el día que consiga no pensar más, nadie lo notará, ya que la mayor parte de la gente que conozco ha resuelto hacer lo mismo"
Los demás no tienen pozo o lo han tapado. Si consiguiera bastante arena, yo también lo taparía, pero no creo que alcanzara la que he visto en las playas, y además, es una arena sucia: Tiene deshechos de embarcaciones, de bañistas y de amantes. El amor también deja sus huellas. Sus desperdicios, sus residuos, y a veces el viento, el mar, la brisa que sopla, no se los quieren llevar.
Y el día que consiga no pensar más, nadie lo notará, ya que la mayor parte de la gente que conozco ha resuelto hacer lo mismo"
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Comentario: Pensar o no pensar. Ser o no ser. Esta es la cuestión.
Es tentadora la despreocupación que percibimos en muchos de los que nos rodean y que les confiere una aureola de aparente felicidad. Por momentos me provocan envidia, como envidia tuve en el pasado de las vacas que llevan al matadero sin que éstas sepan que van a morir. Por qué no, en mi caso ser consciente de la muerte y mi descreimiento en otra vida acabaron con mi niñez.
Además, pensar requiere esfuerzo, tiempo, y hasta ganarse una fama de bicho raro al preferir a menudo el recogimiento y el aislamiento ante la incomprensión de los demás. Con lo sencillo que sería dejarse llevar por la dinámica imperante y ser socialmente más aceptado compartiendo hábitos como las videoconsolas, el fútbol o el culto al dinero. Pero no, me quedo contemplando cualquier cosa, como esa pequeña pieza del motor de un automóvil de la que habla Peri Rossi, y por asociación de ideas busco conclusiones, aunque no sepa a ciencia cierta a dónde me van a llevar, o si me van a hacer asomarme a un pozo sin fondo. Y me quedo con la sensación de ser algo masoquista, un inadaptado y un redomado inconformista.
Pero como contrapartida, pensar también me convierte en soñador, humanista y rebelde. Porque pensar es sobre todo una fuente de poder, y si optamos por funcionar como máquinas sin cerebro estamos cediendo nuestra voluntad a aquellos que piensen un poco más que el resto. Y, en definitiva, el sufrimiento y la angustia están ahí para todos, por más que metamos la cabeza debajo de la almohada, así que pensar se presenta como una vía muy útil para canalizar esas energías negativas y para poner remedios a nuestros problemas.
La vida no sería tan interesante sin el pensamiento. Hay diferentes maneras de vivir, y las más intensas y plenas tienen que ver con el buen uso de dones tan preciados como el pensamiento y el amor. Puesto que pensar, como amar, te lleva a conocer el sufrimiento en mayor medida pero también a disfrutar y a gozar más de los placeres que nos ofrece la existencia y la naturaleza.
De todos modos, esto es hablar por hablar, porque en mi caso pensar no es una elección sino un destino, y no imagino otra forma de alcanzar mi felicidad y mi yo más que pensando, y amando.
Es tentadora la despreocupación que percibimos en muchos de los que nos rodean y que les confiere una aureola de aparente felicidad. Por momentos me provocan envidia, como envidia tuve en el pasado de las vacas que llevan al matadero sin que éstas sepan que van a morir. Por qué no, en mi caso ser consciente de la muerte y mi descreimiento en otra vida acabaron con mi niñez.
Además, pensar requiere esfuerzo, tiempo, y hasta ganarse una fama de bicho raro al preferir a menudo el recogimiento y el aislamiento ante la incomprensión de los demás. Con lo sencillo que sería dejarse llevar por la dinámica imperante y ser socialmente más aceptado compartiendo hábitos como las videoconsolas, el fútbol o el culto al dinero. Pero no, me quedo contemplando cualquier cosa, como esa pequeña pieza del motor de un automóvil de la que habla Peri Rossi, y por asociación de ideas busco conclusiones, aunque no sepa a ciencia cierta a dónde me van a llevar, o si me van a hacer asomarme a un pozo sin fondo. Y me quedo con la sensación de ser algo masoquista, un inadaptado y un redomado inconformista.
Pero como contrapartida, pensar también me convierte en soñador, humanista y rebelde. Porque pensar es sobre todo una fuente de poder, y si optamos por funcionar como máquinas sin cerebro estamos cediendo nuestra voluntad a aquellos que piensen un poco más que el resto. Y, en definitiva, el sufrimiento y la angustia están ahí para todos, por más que metamos la cabeza debajo de la almohada, así que pensar se presenta como una vía muy útil para canalizar esas energías negativas y para poner remedios a nuestros problemas.
La vida no sería tan interesante sin el pensamiento. Hay diferentes maneras de vivir, y las más intensas y plenas tienen que ver con el buen uso de dones tan preciados como el pensamiento y el amor. Puesto que pensar, como amar, te lleva a conocer el sufrimiento en mayor medida pero también a disfrutar y a gozar más de los placeres que nos ofrece la existencia y la naturaleza.
De todos modos, esto es hablar por hablar, porque en mi caso pensar no es una elección sino un destino, y no imagino otra forma de alcanzar mi felicidad y mi yo más que pensando, y amando.
sábado, 3 de enero de 2009
Cristina Peri Rossi (Uruguay) / El museo de los esfuerzos inútiles (fragmento)
"El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues, que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes 'que yo disimulo por pudor' y el frío de la pared congestiona mis pulmones... Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y, cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir"
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Comentario: Cristina Peri Rossi es de las escritoras más destacadas de ahora y de siempre, de las que mejor han empuñado la pluma, y seguramente porque siente la literatura como aquello que más le ha acercado a la libertad en su estado puro.
Y sabe muy bien de lo que habla cuando se refiere a ese lugar que existe entre la espada y la pared, y en el que es imposible vivir.
Efectivamente, cuanto más huyes de las amenazas que te rodean, más se crecen éstas y más te atenazan. En cambio, cuando las enfrentas, muy posiblemente no resulten ser tan fieras como las pintabas. Además, no hay que olvidar que esos muros y esas espadas afiladas que tratan de limitarnos tienen también un poderoso sentido para nosotros, están hechos exclusivamente para nosotros, son nuestros retos, nuestro encuentro con la negación, y, por tanto, con nuestro afán de superación o, por el contrario, con nuestra resignación; con nuestra seguridad y fe, o con nuestras dudas e inseguridades. O con todo ello al mismo tiempo, sólo que en esos casos no hay otro remedio que decantarse y elegir. La prueba de que esas barreras de cada uno están hechas únicamente para nosotros es que ningún otro puede vencerlas por nosotros, y, de hecho, si optáramos por renunciar y sucumbir, entonces desapareceríamos y, sin nosotros, el muro se derrumbaría y la espada enmohecería, tal como señala el texto de Peri Rossi.
Y ahora, cambiando de tema, o no, y aprovechando que muchos de los amigos y amigas con los que comparto el mundo blog viven en sociedades cosmopolitas y multilingües, no quiero pasar por alto la absurda situación que padecieron Cristina Peri Rossi y sus oyentes al ser despedida ésta de Catalunya Ràdio por no hablar catalán.
Creo que la calidad literaria y cultural de esta autora uruguaya está sobradamente contrastada. Para mí es una de las mejores escritoras vivas y una voz que en ningún momento hay que acallar, sino que es precisamente una de esas voces sabias de las que todos podemos aprender, y con el privilegio añadido además de ser una voz contemporánea y comprometida con la realidad actual. Las circunstancias, o más bien el inminente golpe de estado, la llevaron a exiliarse de Uruguay en los años setenta. Desde entonces vive en Barcelona, de manera que ya ha vivido más tiempo en Barcelona que en su país de origen. Tiene la doble nacionalidad, se siente barcelonesa, y a mi parecer nadie debiera dudar de su activa aportación a la cultura en Cataluña.
Dejando al margen otras consideraciones políticas que alargarían indefinidamente esta entrada, me gustaría incidir sobre todo en el asunto lingüístico, que es lo que me interesa. De fronteras y banderas no entiendo, y firmo mil veces las palabras de uno de mis gurús, Roberto Iniesta: “Soy extremeño, (en mi caso madrileño), auténtico, y me cago en las banderas. Las banderas son la degradación del color, los colores existen para otra cosa y no para eso”. Pues bien, dejando clara mi posición y mi oposición a que un trapo coloreado me represente y me obligue a obedecer las ambiciones de poder de los que gobiernan, paso a considerar el tema lingüístico que llevó al despido de Cristina Peri Rossi.
Pienso que hay un error de base muy extendido por el cual se identifica el uso de una lengua con el sentimiento de pertenencia a un territorio. Una cosa es la comunicación y el sentido original que causa la creación de un código escrito y verbal en el que entendernos mejor, y otra cosa es la seguridad y estabilidad que nos puede proporcionar un entorno familiar y un territorio del que conocemos los códigos de comportamiento, al que estamos habituados, y en el que nos sentimos cómodos, y protegidos de alguna manera. Una cosa es la forma y otra es el fondo. Valga de ejemplo Kafka, auténtico símbolo checo, pero que en cambio escribía en alemán. O uno de mis grupos favoritos, Dover, que canta en inglés, pero que no por ello deja de ser un referente del rock madrileño. Y, sinceramente, lo mismo entiendo que sucede con Peri Rossi en Barcelona por mucho que escriba y hable en castellano. Con Peri Rossi o con tantos otros en otras tantas lenguas, porque la riqueza y diversidad de la sociedad catalana parte precisamente de haberse abierto a Europa más que otras sociedades y regiones, y no por lo contrario.
Lo que quiero decir es que es obvio que la lengua catalana ha sido perseguida durante décadas de totalitarismo. Un totalitarismo que no hay que olvidar para no caer en los mismos errores y en las mismas injusticias. Puesto que cualquier carta de principios (como la de la corporación catalana de radio y televisión, en la que se fundamentó el despido de Peri Rossi), por muy loables e importantes que sean sus fines, pierden su legitimidad y respeto si se llevan al extremo en su aplicación y coartan la pluralidad, yendo así en perjuicio de la ciudadanía a la que pretenden beneficiar.
En fin, esta es mi opinión. Ahora me gustaría escuchar las vuestras, sin perder de vista a ese exiguo espacio que queda entre la espada y la pared, y en el que vivimos tan condicionados.
Y sabe muy bien de lo que habla cuando se refiere a ese lugar que existe entre la espada y la pared, y en el que es imposible vivir.
Efectivamente, cuanto más huyes de las amenazas que te rodean, más se crecen éstas y más te atenazan. En cambio, cuando las enfrentas, muy posiblemente no resulten ser tan fieras como las pintabas. Además, no hay que olvidar que esos muros y esas espadas afiladas que tratan de limitarnos tienen también un poderoso sentido para nosotros, están hechos exclusivamente para nosotros, son nuestros retos, nuestro encuentro con la negación, y, por tanto, con nuestro afán de superación o, por el contrario, con nuestra resignación; con nuestra seguridad y fe, o con nuestras dudas e inseguridades. O con todo ello al mismo tiempo, sólo que en esos casos no hay otro remedio que decantarse y elegir. La prueba de que esas barreras de cada uno están hechas únicamente para nosotros es que ningún otro puede vencerlas por nosotros, y, de hecho, si optáramos por renunciar y sucumbir, entonces desapareceríamos y, sin nosotros, el muro se derrumbaría y la espada enmohecería, tal como señala el texto de Peri Rossi.
Y ahora, cambiando de tema, o no, y aprovechando que muchos de los amigos y amigas con los que comparto el mundo blog viven en sociedades cosmopolitas y multilingües, no quiero pasar por alto la absurda situación que padecieron Cristina Peri Rossi y sus oyentes al ser despedida ésta de Catalunya Ràdio por no hablar catalán.
Creo que la calidad literaria y cultural de esta autora uruguaya está sobradamente contrastada. Para mí es una de las mejores escritoras vivas y una voz que en ningún momento hay que acallar, sino que es precisamente una de esas voces sabias de las que todos podemos aprender, y con el privilegio añadido además de ser una voz contemporánea y comprometida con la realidad actual. Las circunstancias, o más bien el inminente golpe de estado, la llevaron a exiliarse de Uruguay en los años setenta. Desde entonces vive en Barcelona, de manera que ya ha vivido más tiempo en Barcelona que en su país de origen. Tiene la doble nacionalidad, se siente barcelonesa, y a mi parecer nadie debiera dudar de su activa aportación a la cultura en Cataluña.
Dejando al margen otras consideraciones políticas que alargarían indefinidamente esta entrada, me gustaría incidir sobre todo en el asunto lingüístico, que es lo que me interesa. De fronteras y banderas no entiendo, y firmo mil veces las palabras de uno de mis gurús, Roberto Iniesta: “Soy extremeño, (en mi caso madrileño), auténtico, y me cago en las banderas. Las banderas son la degradación del color, los colores existen para otra cosa y no para eso”. Pues bien, dejando clara mi posición y mi oposición a que un trapo coloreado me represente y me obligue a obedecer las ambiciones de poder de los que gobiernan, paso a considerar el tema lingüístico que llevó al despido de Cristina Peri Rossi.
Pienso que hay un error de base muy extendido por el cual se identifica el uso de una lengua con el sentimiento de pertenencia a un territorio. Una cosa es la comunicación y el sentido original que causa la creación de un código escrito y verbal en el que entendernos mejor, y otra cosa es la seguridad y estabilidad que nos puede proporcionar un entorno familiar y un territorio del que conocemos los códigos de comportamiento, al que estamos habituados, y en el que nos sentimos cómodos, y protegidos de alguna manera. Una cosa es la forma y otra es el fondo. Valga de ejemplo Kafka, auténtico símbolo checo, pero que en cambio escribía en alemán. O uno de mis grupos favoritos, Dover, que canta en inglés, pero que no por ello deja de ser un referente del rock madrileño. Y, sinceramente, lo mismo entiendo que sucede con Peri Rossi en Barcelona por mucho que escriba y hable en castellano. Con Peri Rossi o con tantos otros en otras tantas lenguas, porque la riqueza y diversidad de la sociedad catalana parte precisamente de haberse abierto a Europa más que otras sociedades y regiones, y no por lo contrario.
Lo que quiero decir es que es obvio que la lengua catalana ha sido perseguida durante décadas de totalitarismo. Un totalitarismo que no hay que olvidar para no caer en los mismos errores y en las mismas injusticias. Puesto que cualquier carta de principios (como la de la corporación catalana de radio y televisión, en la que se fundamentó el despido de Peri Rossi), por muy loables e importantes que sean sus fines, pierden su legitimidad y respeto si se llevan al extremo en su aplicación y coartan la pluralidad, yendo así en perjuicio de la ciudadanía a la que pretenden beneficiar.
En fin, esta es mi opinión. Ahora me gustaría escuchar las vuestras, sin perder de vista a ese exiguo espacio que queda entre la espada y la pared, y en el que vivimos tan condicionados.
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