Dicen que hay un lugar donde Sancho ve gigantes y no molinos, dicen incluso que cuando era todavía una ciudad invisible, se lograron allí derretir los relojes, tal como imaginó Dalí. Y así, con el tiempo fundido, brotaron de sus pozos subterráneos manantiales que en su correr formaron cascadas de tinta de versos aún por escribirse. Sobre tales aguas navega un mirador de pintura de barco, cargado de seres mitológicos. Desde ahí saltan a las diferentes islas de creación; Así, Penélope teje un manto que, al desplegar, fija la mirada eterna de decenas de emperadores romanos en piedra. El minotauro descarga un frente de piedra marés traído desde el laberinto, y cuya sombra proyecta en el suelo figuras imposibles. Las sirenas rizan los estanques y con sus cantos hacen caer a las estrellas para alumbrar la noche con luz de agua. Y entre todos ellos, pasea un quijote llamado Roberto que tiene el poder de al mirarte, convertirte en realidad.
© Ricardo Guadalupe
---------------------------------------------------
Comentario: Hoy llegué a las Baleares para pasar unos días, unas tierras de donde provienen muchos de mis mejores recuerdos. Entre ellos, y en un lugar destacado, está Es Ravellar, un espacio único, un prodigio del paisajismo en el que tuve la enorme fortuna de estar alojado. Allí, un mecenas de las artes, un creador llamado Roberto, fusiona arquitectura, escultura, iconografía, mitología, pintura y un sinfín de disciplinas y lenguajes todos ellos integrados en la naturaleza y exaltando aún más si cabe la belleza natural de la biodiversidad que contiene Es Ravellar.
Su admirado Ian Hamilton estaría muy orgulloso, puesto que fue el jardín Little Sparta, joya del paisajismo mundial y obra cumbre de este poeta escocés, lo que inspiró a Roberto para crear Es Ravellar. Y lo hizo desde el principio abriendo las puertas de Es Ravellar a artistas a los que financia, aloja y paga por aquellas expresiones artísticas que tienen como lugar de inspiración y de destino ese conjunto integrador de lo divino y de lo humano que es Es Ravellar.
Al estar allí y ver aquello no pude por menos que escribir el texto de la entrada de hoy, dedicado a Roberto y a todos los que creen en los sueños.
Su admirado Ian Hamilton estaría muy orgulloso, puesto que fue el jardín Little Sparta, joya del paisajismo mundial y obra cumbre de este poeta escocés, lo que inspiró a Roberto para crear Es Ravellar. Y lo hizo desde el principio abriendo las puertas de Es Ravellar a artistas a los que financia, aloja y paga por aquellas expresiones artísticas que tienen como lugar de inspiración y de destino ese conjunto integrador de lo divino y de lo humano que es Es Ravellar.
Al estar allí y ver aquello no pude por menos que escribir el texto de la entrada de hoy, dedicado a Roberto y a todos los que creen en los sueños.