viernes, 27 de marzo de 2009

Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand (fragmento narrado)


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Comentario: Cyrano recita estos versos tras rechazar al cardenal Richelieu como protector. Y resultan ser toda una declaración de principios de vida, prácticamente una oración o himno que repetir y repetirse uno de vez en cuando.

En cuanto a los versos en sí, en realidad los tomé del guión de la versión cinematográfica que realizó Jean-Paul Rappeneau en 1990, los cuales, además de ser bastante fieles al texto original de Edmond Rostand, tienen el añadido de recordarme la extraordinaria interpretación que de Cyrano hizo Gérard Depardieu.

Y por último, y esperando no desairar con ello a Cyrano y su espíritu, voy a hacer caso por una vez a las normas de protocolo, que dicen que siempre hay que dejar lo importante para el final. Así que voy a dedicar esta narración a María, que no sólo me animó a aprenderme este texto, sino que me anima cada día a ser fiel a mí mismo.

viernes, 20 de marzo de 2009

Mi Babel

La maldición de Babel comienza cada día con mis propias palabras, no las entiendo: salen nerviosas, tropezándose entre sí, infantiles. Y si tengo la mala suerte de escucharme en alguna grabación aún es peor, me son totalmente ajenas, como si fueran una especie de segunda persona. Es terrible, sobre todo desde que me hicieron ver el por qué. Un tipo a quien conté esto una noche me pidió cinco adjetivos que calificaran mis palabras. Nerviosas, inseguras, aceleradas, adolescentes y vacías, dije yo. Entonces los utilizó contra mí, diciéndome que era justo como yo me veía: nervioso, inseguro, acelerado, adolescente y vacío. Ese es mi Babel. Creerme ajeno a mí mismo, y acusar a mis palabras por ello.


© Ricardo Guadalupe

El efecto Babel


¿Cómo de bien cuidas a tus hijos? Nadie dijo que ser padre fuera fácil, y en esto nada tiene que ver el idioma en que respondas a la pregunta. Hablamos de una preocupación que nos alcanza a todos. Eso es lo primero que nos enseña Babel. Pero Babel va más allá, señala con el dedo directamente el principal peligro para nuestros hijos. Me explico, alguien dijo que si pones una pistola en tu vida lo más seguro es que se acabe disparando. Pues bien, si esa pistola llega a manos de un niño, las consecuencias pueden ser de un dolor insoportable. La bala que se dispara en Babel alcanza a todos, como la pregunta del principio, como si del efecto mariposa se tratara, aquel que dice que el aleteo de una mariposa puede desencadenar un terremoto al otro lado del planeta. Llamémoslo entonces efecto Babel, el que plantea González Iñárritu, el que toma una sola bala para hacer saltar en mil pedazos nuestra conciencia, a todos. Una bala evolucionada, desarrollada, pero tremendamente enferma, constipada, que no deja de estornudar y estornudar en el tercer mundo. Babel es una gran película, una de esas que te hace preguntarte por la composición mágica que tiene el cine, que hace que aún hoy esté embriagado, como perdido en un desierto, en plena Babilonia.


© Ricardo Guadalupe
Publicada en elmundo.es el 29/12/06

viernes, 13 de marzo de 2009

Una oración de los vivos, de Ben Okri (fragmento narrado)


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Comentario: Recuerdo el festival de la ONG “Dar Es Salaam” para el que interioricé este texto, como también recuerdo a los artistas africanos que actuaron aquel día y que mostraron en diferentes facetas la rica personalidad del continente negro. Y así, entre recuerdo y recuerdo, me doy cuenta de lo poco que conocemos las tradiciones y culturas de nuestros vecinos africanos. Sin ir más lejos, no es precisamente abundante la literatura de ese origen que se comercializa en las librerías europeas, sino más bien escasa, muy escasa.

En cambio, obviamente, sí que tiene mucho que ofrecer, como son una mirada y un estilo propios, tal como pude comprobar al leer a un buen número de escritores africanos para elegir un fragmento que narrar en el festival. Así fue como descubrí la literatura de Ben Okri, extraordinario autor nigeriano al que sin duda marcó la guerra civil que vivió de niño.

El texto es duro. Pero disfruté narrándolo, sobre todo porque delante de mí tenía a gente de países como Mozambique o Tanzania que habían pasado por situaciones parecidas a las de Ben Okri, y eso hizo que la conexión fuera máxima. Cada vez que lo recuerdo, al menos por unos momentos, me siento africano.

sábado, 7 de marzo de 2009

El Olvidón

Yo de pie, quieto, aunque chascando los dedos, como siempre. El suelo está cubierto hasta donde alcanza mi vista de raíles de tren que se cruzan, desvían y bifurcan. Es el vaivén de las bielas y su pitido aproximándose lo que me ha paralizado. ¿Qué combinación de vías tomará? ¿Acabará contra mí?

Lo había vuelto a soñar. Lo achaqué a lo incómodo de mi.., del pavimento. Cuando uno despierta se da de bruces con el momento más crítico del día. Recibes en forma de fogonazo toda la información de tu vida. Esa mañana me encontraba en una realidad diferente. Ignoraba por qué aquel nuevo caso que traía entre manos me había hecho dar un paso más allá. Ahora estaba en una cuerda tensada sobre el vacío.

Mi barra de equilibrista hizo que mis pensamientos reposaran en mis sentidos. Paredes cóncavas disparadas por grafiteros, el tam tam continuo de los coches al pasar por encima del túnel, un tropel de zapatos con pisadas de ida y vuelta, el olor a orín seco y… mi paciente. Se desperezaba a unos pasos de mí. Sus movimientos eran metódicos. Con su pelo cano velándole el rostro alcanzó a ajustarse unas deportivas de suelas tan lacias como su cabello. Nadie hubiera dicho que se trataba de D. Vidal Osacar, presidente de la Compañía GML. Ni siquiera él se reconocía. Tenía amnesia total. Y yo, debía ser su memoria. Tres líneas de la carta enviada a mi consulta lo dejaban muy claro: “Dr. Maqueda, ejecutamos con la presente el seguro médico de la Compañía. Queremos recuperar los servicios del Sr. Osacar, que ha causado baja posiblemente por estrés. Hágase con total discreción y sin ingreso en Clínica alguna. Fdo.: Comité de socios de la Compañía GML.” Desde entonces lo observaba a lo entomólogo hacía ya tres semanas. Parecía que se había metido en un laberinto de muros tan altos que le era imposible orientarse. Mi trabajo consistía en tratar de encontrar una puerta falsa por donde sacarle. Aquel día di con ella. La llave la tenía él mismo sin saberlo. Era una jaula de pájaros que había recogido el día anterior de entre una montaña de chatarra.

Me despegué de los cartones y me incorporé en busca de... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


© Ricardo Guadalupe