Hace diez días que no ha vuelto mi gato, y aquí, echando vaho sobre la ventana, me he vuelto a acordar de mi padre. No sé qué tiene que ver, pero siempre pasa igual. A mi madre no se lo digo, tampoco sé por qué. Ni siquiera se lo digo cuando me pilla llorando delante de la tele. Eso me hace sentir mal, porque la engaño con cualquier excusa. Echo la culpa a la serie que están poniendo y ya está.
Lo bueno es que cuando pasa eso, al día siguiente no me lleva al colegio. Ella se toma el día libre y vamos a ver alguna película. Luego, al volver a casa me gusta gritar bien fuerte lo que me ha gustado la película para dar envidia a los vecinos, aunque sea ya tarde y les pueda molestar. Mi madre no me dice nada, me deja gritar, sólo se ríe, se le da muy bien reír, a veces no hace otra cosa que reír. Parece tonta.
Lo siento, no me gusta decir cosas feas de mi madre, me quiere mucho, me dejaría salir por los tejados para buscar a mi gato si se lo pidiera. A lo mejor se lo pido mañana, a lo mejor no. A lo mejor cierro la ventana y así no tengo que pensar más en ello. Dichosa ventana, eso es, es ver la ventana siempre abierta lo que me hace de rabiar y decir palabrotas pensando en mi madre. Me gustaría estar abrazando a mi gato, y que no hiciera tanto frío en la habitación. O quizás lo que me gustaría es tener otra madre. Yo de mayor seré una madre policía, o bombero, o si no preferiré no tener gatos, ni hijos. Ahora debería salir del cuarto y dormir en el salón, para intentar olvidarme por un rato de todo esto, ya lo he hecho otras veces, pero al final tengo que volver a entrar y ver la ventana abierta. Entonces es cuando vuelvo a echar de menos a mi padre.
Mi padre no se reía. Puede que de eso enfermara, de no reír. Debajo de su bigote... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)
Lo bueno es que cuando pasa eso, al día siguiente no me lleva al colegio. Ella se toma el día libre y vamos a ver alguna película. Luego, al volver a casa me gusta gritar bien fuerte lo que me ha gustado la película para dar envidia a los vecinos, aunque sea ya tarde y les pueda molestar. Mi madre no me dice nada, me deja gritar, sólo se ríe, se le da muy bien reír, a veces no hace otra cosa que reír. Parece tonta.
Lo siento, no me gusta decir cosas feas de mi madre, me quiere mucho, me dejaría salir por los tejados para buscar a mi gato si se lo pidiera. A lo mejor se lo pido mañana, a lo mejor no. A lo mejor cierro la ventana y así no tengo que pensar más en ello. Dichosa ventana, eso es, es ver la ventana siempre abierta lo que me hace de rabiar y decir palabrotas pensando en mi madre. Me gustaría estar abrazando a mi gato, y que no hiciera tanto frío en la habitación. O quizás lo que me gustaría es tener otra madre. Yo de mayor seré una madre policía, o bombero, o si no preferiré no tener gatos, ni hijos. Ahora debería salir del cuarto y dormir en el salón, para intentar olvidarme por un rato de todo esto, ya lo he hecho otras veces, pero al final tengo que volver a entrar y ver la ventana abierta. Entonces es cuando vuelvo a echar de menos a mi padre.
Mi padre no se reía. Puede que de eso enfermara, de no reír. Debajo de su bigote... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)
© Ricardo Guadalupe
