La resistencia al rompimiento utilizando una carga a compresión fue la óptima.
También resultó un éxito la suelta de una bola de acero al no producir rotura hasta no lanzarse desde los 2,5 metros de altura.
Antes de pasar al ensayo de abrasión, haré notar que todos los parámetros utilizados están normalizados. Así, el índice de desgaste por el citado ensayo quedó bajo el máximo al mantenerse en 50 mm.
Aún reconociendo que la composición y la estructura no son las estandarizadas, el comportamiento ante los ácidos indicó una alta idoneidad. Apenas reseñable la supuración de pequeñas formas microbiales, fósiles de una posible vida pasada.
Finalmente, tras la medición de la firmeza en un circuito eléctrico, quedó determinada, a partir del conjunto de los ensayos enumerados, la capacidad para resistir al medio sin deterioro alguno. El resultado es concluyente: Soy Piedra.
2.- ETIQUETA DE IDENTIFICACIÓN
Este ejemplar de piedra fue codificado, a su llegada al presente Instituto Geológico Minero, por dos siglas: la primera corresponde al nombre inglés de la especie, según el Glosario Fleischer de Especies Minerales, y la segunda al país de procedencia. A ellas se añade un número correlativo.
Su formación es de origen sedimentario. La capa inicial creció con la acumulación de restos orgánicos, hasta alcanzar una fase reproductora, que creó una costra viscosa, que a su vez atrapó depósitos de fango. A medida que este último sedimento iba haciéndose más denso, más se bloqueaba el paso de la luz solar. De este modo, la vida comenzó a migrar hacia afuera, convirtiéndose gradualmente la capa antigua en piedra.
Tras el método de explosiones controladas, surgió definitivamente mediante la introducción de una cuña de temperatura cálida, que al enfriarse hizo las veces de palanca para hendir la piedra y arrancarla finalmente de su yacimiento.
3.- EL VUELO DEL METEORITO
Ha pasado mucho tiempo. Ahora he llegado a otro planeta. Aquí se me honra y venera. Cuentan hermosas leyendas acerca de mi procedencia. Dicen que simbolizo su salvación.
Yo tengo disminuida la aspereza de mi superficie debido a la acción de las corrientes supersónicas de aire al entrar en la nueva atmósfera.
Pero, del mismo modo que esta erosión no me causó ningún dolor, tampoco las ofrendas me hacen sentir felicidad alguna.
Soy como una pantalla de cine, insensible a las escenas en ella proyectadas. Ya sean de rencor, dogmas o amor.
No sé en qué momento llegó el crepúsculo de mi sentimiento. Creo que lo perdí hasta para darme cuenta de que ya no estaba.
Aunque quizás sigue ahí, latente, entre las paredes creadas por el sistema inmunológico en forma de tubérculo. Allá donde emoción y sensación lo buscan, clamando que les dé sentido, en nombre de ellos, y del resto de la estratificación humana.
© Ricardo Guadalupe


