miércoles, 27 de mayo de 2009

La hoja extranjera

Ocurrió al tomar mi primer té; Contaba con 42 años y, de pronto, me sentí extranjero.
Había empujado el arado toda la mañana. Con unas hojas de cáñamo en la boca, por el asma. Después, en el gran río, al dar unos pasos siguiendo con la vista a un velero, tropecé con unas hojas desconocidas. Las acusé de ser las ingeridas por mi hijo Wan.
Por la noche, no encontré el unicornio entre los vapores que me aliviaban la asfixia, y maté la resignación con las hojas arrancadas. Bebí aquello, la muerte tuvo un sabor amargo y un olor a tierras sin surcos. Pero desperté al día siguiente, no era mi hora, como tampoco fue la última vez que desde entonces fueron echadas ese tipo de hojas en agua caliente, se trataba sólo de té, algo de sabor amargo y con aquel olor a tierras sin surcos.


© Ricardo Guadalupe

12 comentarios:

CASANDRA dijo...

cómo es el sabor a tierra sin surcos...?

Toupeiro dijo...

Prefiero el café que también es un veneno, que no mata.

Amaia dijo...

El té Ricardo,como casi todo hay que probarlo una segunda vez(yo sólo tomo té)pero esa sensación de ser extranjero nos puede acompañar con un olor,un sabor,una palabra a destiempo...si la tierra no tiene surcos no podrá germinar,mejor con surcos y lluvia,lo contrario pecaría de árido y de lo árido al desierto un ligero paso.
Un placer!

mi nombre es Alma dijo...

El ritual del té (o del café) es un ritual místico qeu nos ayuda a sobrellevar muchas cosas, entre ellas, la propia vida.

Saludos

Beatriz dijo...

Hermosas imágenes las que nos muestras en tu relato.
"La muerte tiene un sabor amargo y un olor a tierras sin surcos" ¡Qué bello!
En cuanto al sentimiento de extranjeridad. Basta escuchar el sonido del viento, a veces, para descubrir que habitas otro lugar.
Un saludo desde el afecto.

Poli dijo...

Camino el campo, mirando el suelo agrietado, buscando el matorral más verde de carqueja, vida y manjar que sigue regalando mi tierra seca. Las echo en la bolsa de tela y en un par de semanas tengo mis hojas para el té verde amargo.

Siempre provocando, invitando un recuerdo a mi memoria. Al leerte me acordé de mi en la búsqueda de hojas, algo tan habitual que pasaba desapercibido. Gracias!
Un abrazo ♥

Lala dijo...

Es cierto, el té tiene ese sabor raro...
A mi no me gusta si no está mezclado con otros aromas.
Si el té bastara para partir de este mundo, qué fácil sería...


Un beso


Lala


P.D. Casualidad, yo en mi blog tomo otro t...

Felipe Sérvulo dijo...

Te envío un saludo y te felicito por la imágenes.

Esteban dijo...

No me gusta el te. Yo soy de los de café. Supongo que, como todo en la vida, es cosa de probarlo y probarlo.

Muy bonita la forma de contar esta historieta....

Una brazo,

Esteban
http://champanporlastetas.soy.es

Alejandro Kreiner dijo...

Me gusta más el café aunque reconozco que estas infusiones crean dependencia.

Saludos.

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias por tomaros conmigo este té.

A menudo buscamos una cosa y no la encontramos, pero encontramos otra. Lo importante es buscar. Algo así le ocurre al personaje de La hoja extranjera.

Y lo normal es que siempre descubramos algo nuevo, aunque sólo sea buscando hojas, tal como nos cuenta Poli que hacía. Eso sí, hay que ser buen observador, y apreciar las cualidades de lo encontrado, como en el caso de las hojas, de cuyas propiedades y usos sabían mucho nuestros antepasados, aquellos que trabajaban el campo y vivían en contacto con la naturaleza. Ahora, en cambio, como persona urbana que soy, me las vería y desearía para detectar una hoja curativa u otra nutritiva. Aunque, bueno, algo encontraría ¿no? Y no necesariamente algo malo, sino sobre todo algo que me aportaría algo nuevo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Sobre la pregunta de Casandra, sobre el sabor y el olor a tierras sin surcos, me temo que eso tiene que responderlo uno mismo, debe ser así.

Y tampoco voy a tomar excesivo partido sobre los venenos que no matan que ha sacado a colación Toupeiro. Si se pueden tomar una segunda vez es que no matan, al menos de manera inmediata. Pero hay que ser consciente de que volver a los venenos es una atracción fatal, y no estoy hablando exactamente del café. Estoy hablando de que somos libres de envenenarnos las veces que se nos antojen, pero que a la larga eso pasa factura, se trate del veneno que se trate y tenga la forma que tenga, sea en forma de persona o en forma de estupefaciente. Y claro que eso es elección de cada uno, sólo que démonos cuenta también de que ya de primeras nada bueno es lo que lleva a una persona hacia el veneno.

Por último, le tomo la idea a Amaia y trazo un nuevo surco sobre la tierra, para seguir sembrando.