miércoles, 8 de julio de 2009

El reloj de la esperanza


6 de la mañana en el barrio Trinidad, Medellín.
Me gusta despertar con el ruido de tu moto, deshacerme entonces de las manos de mi padre sin que se despierte y salir a tu encuentro. Me gustas tú.
Me gusta el modo en que te colocas el fusil a la espalda para recibirme con los brazos sobre la moto. Luego tuerces la cicatriz que te parte el labio y que disimula tus diecisiete años. Yo la acaricio mientras tú pegas tu camiseta a mi piel. Me gusta.
Te pregunto por cómo ha ido la noche, pero tú mueves la cabeza de un lado a otro. “Mejor no sepas” me dices antes de irte y dejarme unos billetes hechos una pelota. La noche ha ido bien.
Me gusta jugar con la pelota de billetes sobre mi vientre. Ahí vive nuestro hijo desde hace sólo un mes. Será un varón, seguro. Y tan valiente y apuesto como su padre.

6 de la tarde en el barrio Trinidad, Medellín.
Todas las chicas salen de las casas a tu paso para tocarte. Quieren que seas su hombre. Menuda polvareda levantan. No me gusta.
Yo las mataría a todas, te hablan como si te estuvieran lanzando besos y eso me enfurece hasta el punto de gritarte que sólo me mires a mí. Qué voy a hacer, si tú eres mi corazón.
Gracias a Dios que no te enfadas y me hablas con tu voz lenta. Eres tan calmado, no recuerdo haberte visto nunca parpadear. Me cuentas que pronto iremos a vivir a un rancho en la costa, que te retirarás a tiempo, no como tu padre. Me gusta oírte decir eso.
Al rato estamos montados en la moto subiendo camino arriba hacia la parte alta del barrio. El aire entra por tu camisa abierta y la abomba por los costados. Detrás estoy yo bien agarrada a ti, con la mejilla pegada a uno de los estampados de la camisa repitiendo en voz bajita “Me gustas tú”.
Cuando llegamos al chamizo allí están el resto de los chicos de la banda. Todos te admiran. Morirían por ti. Dejan de bailar sólo porque... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)

12 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Mi pequeño aunque muy sincero homenaje con este relato a Manu Chao y a los periodistas Margarita Martínez y Scott Dalton.

Al primero porque con su música, en la que mezcla elementos de rock con música autóctona latinoamericana, me ha transportado a lugares y países donde no he estado nunca de otra manera y a los que en cambio me siento muy vinculado emocionalmente. Su canción “Me gustas tú”, del disco “Próxima estación: Esperanza”, es la banda sonora de este relato. El ritmo y estribillo que vertebran la canción es lo que he tratado de captar y lo que me ha ayudado a vertebrar a mi vez la historia que quería contar.

Pero la influencia fundamental a la hora de lanzarme a escribirlo fue el descomunal y conmovedor documental “La Sierra”, obra de Martínez y Dalton, que convivieron durante todo un año con jóvenes armados en el convulso barrio La Sierra, de Medellín. En un lugar sin ley, a no ser que la que ellos mismos imponen, se sigue muy de cerca a través del documental, con entrevistas y tiroteos de por medio, la vida de tres jóvenes que se desenvuelven en unas condiciones extremas de violencia y pobreza. Sin dejar por ello de ser jóvenes, claro, a pesar de que la muerte para ellos sea el pan nuestro de cada día y de que poco sitio haya para la esperanza.

Por cierto, navegando hoy por Internet he encontrado el siguiente enlace donde se puede ver “La Sierra”: http://www.documaniatv.com/social/la-sierra-muerte-en-medellin-video_dafd1defa.html No recuerdo otra obra de divulgación y concienciación que me haya impactado tanto. Es cruda, pero me puso frente a caras aniñadas de asesinos a los que en cambio no pude ver sino como víctimas, víctimas de un sistema deshumanizado en el que priman las cantidades ingentes de dinero que pueden sacarse de los negocios de las armas y de la droga.

Lala dijo...

Pufff, es tremendo!
Está claro que hay mucha gente en el planeta que vivie en el infierno.
Yo echo la culpa a la desigualdad total que existe en el mundo de manera tan marcada y radical.
Creo que me voy a ver ese documental, aunque tu relato ya me ha dejado el corazón encogido...


Un beso


Lala

mi nombre es Alma dijo...

En que mundo vivimos en el que la herramienta de trabajo de un joven es un fúsil.

Saludos, estupendo texo

Beatriz dijo...

Impactante relato. Muy bien escrito.
El mundo que describes está lleno de angustias, de marginalidades que nos estremecen. Imposible acusarlos sin saber el porqué de ese peregrinaje por la degradación de sus vidas. Tal vez sea la misma sociedad, a veces tan hipócrita y desequilibrada, culpable de esos sueños rotos, de esa caída al vacío.
Impotencia, para resumir,de los que aún nos creemos a salvo de esa miseria.
Felicitaciones-Un abrazo

Lola dijo...

Bonito post. Te he encontrado por casualidad pero me ha llegado muy dentro el relato y por eso te pongo mi comentario.
Seguiré leyéndote y a ver si tu te acercas por mi blog.
Saludos Lola

http://boheme.zruspas.org

Lydia dijo...

Me ha gustado mucho, felicitaciones.

La vida de estos niños es desesperante. Y es desesperante que nada cambie, al contrario. Honor y respeto a los que difunden con el arte del cine estas verdades tan crudas. Hace muchos años ví un documental que me emocionó terriblemente, tambien habla de niños de la calle, se llama "Streetwise", una pequeña obra de arte sobre la calle y sus niños desamparados y a la vez un documental hecho desde el amor, porque uno no puede entender si no hay amor. Está en Youtube, por cierto.

Un abrazo,

graze dijo...

Me ha gustado mucho... creo que buscaré el documental ;)

Neurotransmisores dijo...

Me gustaría saber quién les vende las armas.

Saludos.

ALEX B. dijo...

Tu relato me ha transportado a ese mundo, me ha emocionado y me ha dejado con el corazón en un puño.
Creo que te integras perfectamente en el punto de vista de la chica, con su lenguaje simple y sus sentimientos de casi niña, dentro de la crudeza de la situación.
Precioso de verdad.
Un saludo,Ricardo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias por vuestros comentarios, y por transmitirme el sentir de vuestros corazones. Como ocurre en el relato, y como se puede ver en el documental, el corazón, el amor, es lo único que nos puede salvar, incluso en las condiciones más infrahumanas, o quién sabe si precisamente por eso se vuelve tan tan importante.

El amor, como la muerte, nos iguala y nos identifica, por más que las desigualdades sociales se empeñen en distanciarnos a unos de otros. Son éstas, las abismales desigualdades sociales, tal como apunta Lala, una de las principales culpables del delirio y la sinrazón que muestran el relato y el documental.

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias Lydia por recomendarme “Streetwise”. Ya esa primera imagen en la que un chaval se tira al agua desde lo alto de un puente es toda una metáfora de la situación de esos chicos de la calle.

Ricardo Guadalupe dijo...

En cuanto a tu pregunta, Alejandro, a mí también me gustaría saberlo. Parece ser que son varios los países que hacen llegar armas a esa zona de conflicto por intereses económicos, entre ellos España. Sí, nuestro gobierno vende obuses asturianos al ejército colombiano. Desgraciadamente, el mercado negro, la corrupción y las continuas violaciones de los derechos humanos que se dan en ese país no garantizan precisamente ni el destinatario final, ni sobre todo el uso que van a tener dichas armas.

En mi opinión, España no debería vender armas a Colombia, como tampoco a Israel, China o Marruecos. De hecho, no debería vender armas a ningún país que estuviera fuera de la OTAN. Una cosa es que se mantenga una red armamentística defensiva en el ámbito territorial de la OTAN y otra cosa es que se exporten armas, y por tanto violencia, sin otro fin que ingresar dinero. Yo no quiero ese dinero que está manchado de sangre.