miércoles, 29 de julio de 2009

La muerte de mi padre

Hace diez días que no ha vuelto mi gato, y aquí, echando vaho sobre la ventana, me he vuelto a acordar de mi padre. No sé qué tiene que ver, pero siempre pasa igual. A mi madre no se lo digo, tampoco sé por qué. Ni siquiera se lo digo cuando me pilla llorando delante de la tele. Eso me hace sentir mal, porque la engaño con cualquier excusa. Echo la culpa a la serie que están poniendo y ya está.

Lo bueno es que cuando pasa eso, al día siguiente no me lleva al colegio. Ella se toma el día libre y vamos a ver alguna película. Luego, al volver a casa me gusta gritar bien fuerte lo que me ha gustado la película para dar envidia a los vecinos, aunque sea ya tarde y les pueda molestar. Mi madre no me dice nada, me deja gritar, sólo se ríe, se le da muy bien reír, a veces no hace otra cosa que reír. Parece tonta.

Lo siento, no me gusta decir cosas feas de mi madre, me quiere mucho, me dejaría salir por los tejados para buscar a mi gato si se lo pidiera. A lo mejor se lo pido mañana, a lo mejor no. A lo mejor cierro la ventana y así no tengo que pensar más en ello. Dichosa ventana, eso es, es ver la ventana siempre abierta lo que me hace de rabiar y decir palabrotas pensando en mi madre. Me gustaría estar abrazando a mi gato, y que no hiciera tanto frío en la habitación. O quizás lo que me gustaría es tener otra madre. Yo de mayor seré una madre policía, o bombero, o si no preferiré no tener gatos, ni hijos. Ahora debería salir del cuarto y dormir en el salón, para intentar olvidarme por un rato de todo esto, ya lo he hecho otras veces, pero al final tengo que volver a entrar y ver la ventana abierta. Entonces es cuando vuelvo a echar de menos a mi padre.

Mi padre no se reía. Puede que de eso enfermara, de no reír. Debajo de su bigote... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


© Ricardo Guadalupe

12 comentarios:

Poli dijo...

Puedo verme con la frente pegada a la ventana añorando alguna vuelta, nublando el vidrio con mi respiración. Sonriendo con la risa de mamá, deseando que mi padre vuelva a vivir, aunque esté vivo.
Y yo sigo callada, disfrutando del placer de leerte.
Y ahora el vidrio que se nubla es el de la pc... y yo ya estoy crecida también.

Un abrazo, hermoso y triste texto.

Lala dijo...

Hace poco decía en mi blog que uno se hace mayor cuando sabe lo importante que es la salud...
Pero también e hace mayor cuando pierde a ese alguien que le riñe si se hace pis.

El relato me ha dejado...



Un beso


Lala

Beatriz dijo...

Hermoso relato,
Aquellos que lloramos somos sanos de espíritu.
Cómo evitar una lágrima ante el recuerdo de nuestros seres más queridos
¿Sabes, he creído ver, alguna vez, en los ojos de mi perro una pequeña lágrima?. No puedo negar que no lo hiciera. Pero me hubiera gustado conocer el motivo de su pena. Como él, creo, se da cuenta de las mías. Poder tener un amigo a quien confesarle nuestro dolor es una hermosa terapia. También lo es la escritura.
¡No dejes de escribir!-

ALEX B. dijo...

JO, Ricado me has hecho soltar una lagrimita.
"Hago vaho en el cristal.Mi padre, muy enfermo, acaba de confundirme con mamá y he escuchado las palabras de amor más bonitas que probablemente un hombre me diga jamás".
Un beso y sigue provocando tantas emociones

neurotransmisores dijo...

La muerte de nuestros padres siempre nos dejan marcados para el futuro.

Saludos.

Susy dijo...

Leyéndote no puedo menos que pensar, una vez más, que hay cosas más comunes entre los humanos de lo que se podría esperar.

Me ha emocionado, un abrazo.

Angus dijo...

Bellísimo.

Lydia dijo...

Excelente, felicitaciones. Me ha recordado un poco a Carmen Martin Gaite...

un abrazo,

lopillas dijo...

He saltado desde el blog de Alex y de verdad que me has dejado sin palabras, conmovida hasta el tuétano pero sin palabras.
Precioso. Enhorabuena

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias por vuestro apoyo y vuestro cariño.

Este relato surge de un aspecto importante que salió en la terapia que hice con Ángel Zapata. Los padres deben poner ciertos límites a sus hijos, para protegerlos, y para que éstos piensen principalmente en jugar, que para preocupaciones de adulto ya tendrán tiempo. Yo tuve una madre en exceso permisiva, y eso condicionó mi comportamiento de niño, poco dado a las espontaneidades, y es que a falta de una referencia clara materna o paterna yo mismo me puse los límites, unos límites que me cargaron prematuramente de responsabilidades y de los consiguientes sentimientos de culpa y angustia, bastante alejados de los que debe sentir un niño.

También tuve de niño un gato, sin castrar, y por tanto sin la protección debida. Su nombre era Jerry, y sí, también lo esperaba junto a la ventana.

En cambio no es experiencia propia, entre otras cosas, ni vivir la muerte de un padre, ni lo del ataque de risa en un velatorio. Esto último le ocurrió a una muy buena amiga precisamente en el velatorio más triste de toda su vida.

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias Alex B. por esa imagen literaria tan evocadora y que de algún modo está conectada con el relato.

Ricardo Guadalupe dijo...

Por último compartir con vosotros que estamos de cumpleaños, ya hace un año que comencé a publicar entradas en este blog y a abrirme de esa manera un poquito más al mundo. Todo lo que aquí estoy volcando lo tenía reservado para mi intimidad, a menudo mi profunda intimidad. En cambio exponer mis textos y exponerme por lo tanto a mí mismo me ha hecho mucho bien. En gran parte gracias a vosotros, me ha afianzado en mi yo, qué más se puede pedir. También ha supuesto muchas horas delante del ordenador, no sé si demasiadas, pero el caso es que me compensa, poquitas, muy poquitas cosas me han compensado tanto en la vida. Y durante este tiempo he conectado con tanta gente que afortunadamente me llevaría varias líneas nombraros a todos. Os quiero, tanto a los que me acompañasteis cuando este blog arrancaba y hace ya un tiempo de los que no sé, como a aquellos con los que siento que estamos en la plenitud de ese interés y conocimiento mutuo, como también a aquellos, que también los hay, que estando desde el principio aún hoy estáis ahí, construyendo con constancia algo tan preciado como es la amistad.

Gracias, porque estoy aprendiendo de vosotros, porque estoy aprendiendo de mí mismo a través de vosotros, y gracias en definitiva por estar ahí y por vuestra compañía.

Un abrazo!!