jueves, 24 de septiembre de 2009

La extracción de la piedra de la locura


..Llegué algo tarde al Prado, sólo faltaban tres cuartos de hora para que cerraran. No me demoré más y me dirigí directamente hacia el cuadro que se correspondía con la pintura impresa en papel que llevaba en la mano. Miraba hacia lo alto, pero no lo encontré hasta agachar la mirada. Era más pequeño de lo que pensaba. A su derecha había un cartel explicativo que evité leer. Luego tomé mi cuaderno y dejé carpeta y abrigo en el suelo. Mi primer contacto visual con la obra fue por los bordes, como siempre. Rodean la imagen central unas inscripciones en dorado de estilo gótico ininteligibles para mí, además de unos números y una trama también dorada sobre fondo negro. Hasta aquí no anoté nada, ahora bien, resulta que la imagen central es redonda, ¿como una piedra?, ¿es que la piedra de la locura que se intenta extraer es el cuadro en sí? ¿O es la forma de un ojo?, ¿es que el cuadro es una mirilla desde el cual juzgamos y somos juzgados? Me empiezo a dar cuenta de la profundidad del cuadro. De hecho ya estoy metido entre los árboles, entre animales blancos y con una panorámica que abarca tres pueblecitos y se cierra con un suave perfil de montaña. El paisaje me confunde, por un lado actúa de contraste con lo antinatural de la extracción, pero al mismo tiempo le da un halo de “naturalidad”. Quizás sea más práctico que otra cosa, quizás por entonces no había mejor luz para las operaciones que la del día, al aire libre. Me llama Ana al móvil, le cuento lo que estoy haciendo y me habla de lo habitual de la práctica de la extracción en la Edad Media. Yo no me explico qué tipo de médico creía en la existencia de una piedra en la cabeza. Me responde que eran médicos, pero que mezclaban la medicina con la religión, a veces con la alquimia y hasta con la astrología. Para mí que más que médicos eran curanderos. Cuando cuelgo me fijo en el atuendo del que opera. Parece un monje, y lleva una especie de embudo al revés en la cabeza. Definitivamente está loco. Loco no, pero raro han debido considerarme unos turistas que me acaban de hacer una foto cuando estaba con la cara hacia delante a un palmo del cuadro. Llevo ya diez minutos ante él. Miro ahora al hombre que está de pie con algún tipo de jarra en la mano... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


© Ricardo Guadalupe

12 comentarios:

Lala dijo...

Qué bueno!
Examinar el cuadro leyéndote es estupendo. Lo he mirado mientras tanto para empaparme mejor.
Toda una lección de análisis!
:D
Me pregunto cuántos genios fueron confundidos con malditos locos!



Un beso



Lala

Beatriz dijo...

Hermoso análisis de una obra genial.
Su autor se recrea en mostrarnos la estupidez humana. El texto que figura en el cuadro lo refleja, son las palabras de un satírico de la literatura holandesa que igualmente simbolizaba la estupidez, Lubber Das (Soy tonto).
Un abrazo y felicitaciones por ese paseo por el arte.

Alejandro Kreiner dijo...

Es cuadro muy original... has hecho una descripción muy detallada del mismo.

Saludos.

Luzdeana dijo...

Qué bueno que estés de vuelta, con toda tu creatividad.
Tu descripción de este cuadro inquietante me ha llevado pronto a abandonar la “normalidad” del lugar. Desde dentro del cuadro, se siente tan extraño que alguien se acerque a hablarnos. Qué sería de nuestras aspiraciones al arte sin la locura, ¿no? Imposible ir más allá de las realidades objetivas sin caminar en su dirección. Sin ella (la “divina”) no hay acto creativo. Aplaudo de pie tus locuras. Y pido más.

Un beso de bienvenida.

lopillas dijo...

Fascinante
El texto y el personaje
Curiosamente hice lo mismo que Lala y pude ver desde los/tus ojos del Bosco lo que no conseguí leyendo "El alquimista holandés". Y eso que me encantó.
Que lo sepas
Besote de bienvenida

mi nombre es alma dijo...

Como dicen otros comentaristas que hermoso ir leyéndote y mirar al mismo tiempo el cuadro y mirarlo con otros ojos y descubrir historias que no viste.

Un placer

ALEX B. dijo...

Lo que más me llama la atención del cuadro, a parte del tema en sí, es la cara de aburrimiento de la mujer, como si fuese cosa de todos los días lo de extraer la piedra de la locura.
A mi que me la dejen dentro
Un placer leerte.

Susy dijo...

Coincido con el resto y hasta pienso que cada uno de nosotros deberíamos postear así alguna vez, para que otros ojos vieran lo mismo de otra manera.

Un abrazo.

Poli dijo...

Que gran aporte el de Beatriz!
Mientras lo leía/miraba pensaba pero están locos, como dice Ricardo, o son tontos? jajaja Y eran tontos nomás! (la representación de la tontera).
Vaya a saber el análisis que harán en el futuro de las imágenes que hoy nosotros recibimos con total naturalidad.
Al igual que Alex, creo tener la piedrilla dentro, pero déjela dentro nomás Dr.

Gracias por acercarme a esta obra y por el análisis.

Besos y sonrisas de bienvenida.

Ricardo Guadalupe dijo...

Me llaman la atención las pinturas o imágenes que cuentan algo más de lo que aparentemente muestran, aquellas que de alguna manera están narrando la historia de los personajes yendo más allá de lo que está a simple vista. Quizás sea por mi gusto por la literatura y por mi tendencia a observar los cuadros como si fueran libros. El hecho es que cuando doy con un pintor, dibujante o fotógrafo que ha recurrido a ese tipo de técnica narrativa, ya sea a través de la simbología o de señales más sutiles, para mí la imagen en cuestión cobra una dimensión mayor. Entonces me doy cuenta de que las diferentes disciplinas artísticas, como pueden ser la pintura y la literatura, tienen formas de transmitir información y de captar interés que no son tan distintas y que bien pueden ser aplicables en uno u otro arte, y esto para alguien como yo, interesadísimo en indagar en las claves del lenguaje literario y por tanto artístico, pues es todo un filón y una fuente de búsqueda continua.

Ricardo Guadalupe dijo...

Y así, buscando, y concretamente en la pintura, he dado con auténticas obras de arte, como este cuadro de El Bosco, o como El matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck, el retrato de Inocencio X, de Velázquez, y otras pinturas de sobra conocidas de Leonardo da Vinci y de Francisco de Goya. Por no mencionar la iconología de Cesare Ripa, ya entrando en otro terreno aparte de la pintura. Todas estas obras tienen en común lo que antes mencionaba, una palpable intención del autor de contarnos algo más. Pero no de una manera cerrada, sino dando espacio a nuestro pensamiento y a las interpretaciones personales y subjetivas que podamos hacer, tal como ocurre a la hora de leer un buen libro. Y dejando además claro que un punto de enganche importante cuando nos encontramos con una expresión artística, dado nuestro carácter como seres humanos que somos, es el de encontrarnos con algo no totalmente explícito, puesto que hacemos más nuestra la obra y conectamos más con ella si la información que contiene la vamos conjeturando nosotros, llámese a eso orgullo, afán de superación o simplemente juego.

Ricardo Guadalupe dijo...

Y a todo esto que no se me olvide mencionar a D. Eduardo Vilas, el profesor que me introdujo en estos aspectos de interconexión entre las diferentes vías de creatividad humana. Y que tampoco se me olvide agradeceros el que hayáis mirado por mis ojos, así como yo lo hago por los vuestros, o eso intento.

Un abrazo