jueves, 4 de marzo de 2010

El viaje

...Arrastro la punta del zapato por el asfalto hasta quedar estirada mi pierna. Entonces todo mi peso baila hacia adelante y queda finalmente sostenido sobre el pie avanzado. Cuando levanto la suela del otro zapato la sensación es la de estar apuntalando mi cuerpo al suelo por una sola estaca; Una estaca que se hunde hasta el tobillo.
...A sólo unos metros la velocidad de la hélice arremolina el cabello que Susana no logra contener con la mano, mientras agita la otra exhortándome a avanzar. A este lado de la pista no se mueve el aire, sólo apenas se desliza muy lentamente el asa de la maleta por el sudor de mis dedos. El meñique ya cedió. Trato de coger aire entreabriendo la boca, pero sólo logro un pitido sostenido en mi garganta. Susana se mueve muy deprisa en mi recuerdo; Susana corriendo buscando un taxi, Susana serpenteando por su nueva ciudad guiando a su guía, Susana en todos los sitios a la vez: En el restaurante, en el cine, en mi cama. Mi cuello cede y mi vista queda ante la etiqueta de la maleta "Destino...". No sigo leyendo, prefiero concentrar las fuerzas en remontar la cabeza y moverla de un lado a otro.


© Ricardo Guadalupe

7 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Susana siempre contigo, un fuerte pensamiento.

Una narración intrigante.

Saludos cordiales,

Hasta pronto.

ALEX B. dijo...

Ay Ricardo,sorprendentes coincidencias del "destino....", o acaso las coincidencias no existen sólo nos lo parece a nosotros y sólo son destino.
un beso

El Drac dijo...

Qué buen relato Ricardo!!! mantienes vivo el suspenso y la atención del lector y la ironía cruel al final, te quedó estupenda. Un gran abrazo. te felicito.

Beatriz dijo...

La frase final del relato es la elocuente imágen de la incredulidad. Ése "no puede ser "de una cabeza oscilante que niega la relidad de un "Destino" ineludible
Esas piernas que se sienten apuntaladas , que se niegan a avanzar ¿tal vez por que el corazón no las acompaña?
Un doloroso viaje, pero muy bien escrito
Un abrazo Ricardo

Luzdeana dijo...

No poder o no querer avanzar... Todo el peso de la impotencia en el cuerpo, en el aire. Susana y su dinamismo: ella sigue, no se detiene, pareciera no temerle al destino.
Estancarse en el viaje que es la vida es dejar de vivir.
Tu relato me recuerda los propios miedos. Todos hemos estado ahí en algún momento. Es lo que a mí me genera tu texto, tan bien narrado.
Un abrazo.

lopillas dijo...

Hermoso relato, Ricardo. Disfrutando cada detalle.
Un besazo

Lala dijo...

A mi me ha dao vértigo.
En todos los sentidos... Ô_Ô


Un beso


Lala