jueves, 25 de octubre de 2012

Leyendo "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga

Si os interesa el asunto de la memoria la novela de Ray Loriga es vuestro libro. Ese es el tema sobre el que se arma la historia: la memoria. Aparentemente desde una posición crítica, pero sólo aparentemente. Siendo unos personajes desmemoriados, descabezados, prácticamente muertos vivientes, los que la critican, esa crítica llega al lector en forma de todo lo contrario, en forma del mayor de los homenajes posible. Ese es el efecto mágico que consigue el mago Ray Loriga. Bajo el simulacro de la crítica nos está dando a entender lo vital que es la memoria. El autor saca de la chistera este truco magistral y nosotros los lectores no podemos sino quitamos el sombrero. Chapó.

Por supuesto que no obvia la pesada carga que supone una presencia excesiva del pasado, pero una vez puestos los pros y los contras en la balanza, ésta se vuelca hacia la defensa de la memoria, porque cae por su propio peso. Por tanto la crítica de verdad, la que está de fondo, va dirigida precisamente a las sociedades que no cuidan la memoria, a las sociedades inconscientes que no miran hacia atrás y que ni siquiera miran hacia delante, lo cual no es de extrañar, puesto que lo uno tiene mucho que ver con lo otro. A dónde vamos y de dónde venimos, este es el tipo de preguntas que no se hacen en sociedades así, en sociedades como la descrita por Ray Loriga, donde tampoco son muy conscientes del tiempo presente, ocupada como está la gente en hacer lo posible por no pensar, distrayendo sus sentidos con lo primero que pillan. Concretamente el futuro próximo en el que se desenvuelve como pez en el agua el personaje protagonista se trata de una sociedad drogodependiente y sexodependiente, un mundo que además conserva lo peor de cada casa, como es el caso de la pena de muerte en EEUU, a lo que también pone de vuelta y media el autor, aunque literariamente, es decir: con estilo.

El protagonista es un antihéroe, todo lo hace mal, sin remedio. Pero hacia él la crítica es compasiva, no se ceba. Al fin y al cabo es una víctima. Es un tipo solitario y triste que olvida todo y a todos para no estar aún más triste. Vive cada semana como si fuera la última. Va de aquí para allá, de hotel en hotel. No tiene un hogar.

Al principio se mueve por los estados norteamericanos fronterizos con México, luego se desplaza al sudeste asiático. No para, tampoco sabría cómo hacerlo. Allí por donde va el sexo es libre, no entiende de número ni de género, lo mismo da hacerlo con un hombre, una mujer o con los dos a la vez. Y cualquier momento es bueno, sea con quien sea. Barra libre de sexo y de drogas. Por algo es vendedor de química para olvidar, drogas no le faltan. Todo vale mientras se pueda olvidar al día siguiente. Así es el futuro en el que se mueve, un tiempo al que el protagonista alude con la lapidaria frase: “ya no hacen muchas canciones hoy en día”.

Respecto al estilo narrativo, está muy influenciado por la literatura norteamericana. Es de fraseo corto, a veces tan acentuado que las frases podrían considerarse versos, sobre todo al comienzo, donde la voz del narrador es entrecortada y triste, un hilo de voz que marca de inicio el carácter del protagonista pero que enseguida va tomando cuerpo. El tono bajo perdurará toda la novela, en combinación con un ritmo dinámico en el que escenas de gran variedad se suceden una tras otra, aunque bien es cierto que sin que la conexión directa entre ellas sea lo importante. En este sentido, en el de la conexión interna del texto, el autor emplea un recurso muy de moda en los últimos años, el de ser eco de uno mismo pasado el tiempo suficiente. Este recurso consiste en... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


Este artículo me lo han publicado en la revista digital Terral, en su número de octubre del presente año.

3 comentarios:

Raco dijo...

Interesante planteamientos de la novela a la cual haces referencia. Lo de la memoria, me vino a la mente el tema de la muerte. Se desaparece físicamente, pero queda en el olvido eterno, cuando ya ni siquiera pensamos en aquello que un día fue. Las generaciones suelen ser un efectivo borrador de memorias.

Jorge Ampuero dijo...

Certera apreciación para una novela entrañable e imperdible.

Saludos.

Ricardo Gonzalez dijo...

Me han dado ganas de leer la novela, esa introdicción que leí me lo provocó...los tiempos, el descontrol...saludos. PuertoArial.com