viernes, 23 de noviembre de 2012

Franz Kafka

Es muy complicado innovar en el arte de la literatura, Kafka lo hizo. Se alimentó del mundo de los sueños, y de su lenguaje expositivo como doctor en leyes. También apostó por el cuento fantástico para mostrar su particularísima visión de la existencia. A ella aludía apoyándose a menudo en elementos del universo circense, del sistema burocrático o de las relaciones familiares. Sus historias, tremendamente originales, se pasean por el terreno del surrealismo y del absurdo para apuntar sin complejos a lo divino y a la esencia misma del ser humano. Todo ello las dota de un halo enigmático, intensificado por el uso que hacía de personajes que recuerdan a los propios de las fábulas y la mitología.

Es sin duda uno de mis héroes, al que emparento estrechamente con Cortázar, aunque no se haya tratado mucho esta vinculación por los expertos. En cambio a mi modo de ver el estilo cortaziano deja traslucir que el gran escritor argentino, a quien tengo igualmente en los altares, leyó a Kafka y se vio influenciado por él.

Dicen que Kafka tenía rasgos esquizoides, que no esquizofrénicos, y que observaba su entorno a lo entomólogo, siguiendo ciertas reglas de prudencia y de distanciamiento de las que no quería apartarse, no fuera a quemarse con esa materia circundante e inaprensible que su extraordinaria sensibilidad era capaz de detectar y desentramar de algún modo. La misma sensibilidad con la que luego nos lleva de la mano a través de sus relatos para que contemplemos también dicha materia, la cual tanto tiene que ver con el secreto del que están hechas todas las cosas, sin que por ello deje de ser un secreto, un secreto a modo de puerta ante la que Kafka nos lleva.

Y hablando de puertas, os contaré una curiosidad, resulta que fue él quien quiso que figurase como portada de La metamorfosis no un escarabajo, sino una puerta entreabierta, tal como aparece en su primera edición. Esa era la puerta por la que él observaba el mundo, escuchándolo desde el otro lado, al igual que el escarabajo en que se había convertido Gregor Samsa escuchaba a su familia.

Recomiendo especialmente lo que he dado en llamar su “trilogía del circo”, puesto que los tres relatos tienen como lugar común el circo. Los puedes encontrar, por ejemplo, en el libro “Cuentos Completos (textos originales) de Franz Kafka”, de la editorial Valdemar. Y son los siguientes: "Un artista del hambre" -Imprescindible, con el que me enganché a Kafka y con el que entras de lleno en su mundo y estructura mental-, "La primera desgracia", también conocido como "Un artista del trapecio" -Muy conectado con Un artista del hambre- y "En la galería" -Es genial. Y da para pensar largo y tendido. Es muy cortito y en cambio provoca reflexiones muy extensas que superan en longitud al propio relato. Combina belleza y fragilidad, como lo hace una rosa.


© Ricardo Guadalupe

3 comentarios:

Ginés Vera dijo...

Amigo Ricardo, sabes de mi admiración por el escritor checo, y en concreto por su obra más famosa. Voy a anteponer estos relatos que me dices (siguiendo tu recomendación) a los Diarios, libro que ha caído recientemente en mis manos. Gracias, seguro que redescubro al Kafka más inspirador para "nuestros" relatos. Saludos.

Darío dijo...

Es genial. Me gusta enterarme de esto.
Yo soy un fanático religioso de sus novelas, aunque sé que quizá, sean construcciones artificiosas. Ese mundo burocrático de América o El Castillo o El Proceso, cambió mi vida.
Un abrazo.

Diana H. dijo...

Me toca muy de cerca Kafka por muchas razones. Visité su mágica Praga y su tumba hace poco: una experiencia entrañable.
Yo voy a sumar "Informe para una academia".
Un abrazo, querido Ricardo.