martes, 8 de enero de 2013

Leyendo "El jinete polaco" de Antonio Muñoz Molina

¿Cómo alguien que escribe tan abrumadoramente bien puede llegar a resultar aburrido? Esta es la pregunta que me he estado haciendo mientras leía la novela. Porque si escogiéramos al azar cualquiera de sus páginas, nos encontraríamos la mayoría de las veces con textos de una calidad literaria formidable, por la habilidad del autor para manejar el lenguaje, por su indudable conocimiento del mismo y por la precisión artesana con la que describe personajes, situaciones y el alma de vivencias en las que consigue que nos reconozcamos aún sin haber vivido el lector algo parecido.

Pero como ya adelantaba con mi pregunta al inicio, esas páginas escogidas de forma aislada no serían más que un espejismo. A una novela se le pide que haya un hilo que tense y dé forma y cohesión a ese conjunto de islas que son las páginas, por algo éstas van cosidas una detrás de otra. En El jinete polaco es como si un costurero hubiera juntado todo aquello que le llegaba a las manos mientras miraba distraído la televisión.

Carece de ganchos que promuevan la intriga en el que lee. Las idas y venidas en el espacio temporal de la historia, volviendo a temas ya tratados, tampoco favorecen la tensión narrativa, más bien transmiten la sensación de que no se avanza, y esto en una novela que en su edición de bolsillo tiene 608 páginas se puede hacer especialmente pesado.

Y fijaos que el argumento no tiene mala pinta, todo lo contrario, presenta la evolución de un personaje desde su nacimiento hasta la edad adulta. Teniendo en cuenta que tal personaje está fuertemente inspirado en el propio Antonio Muñoz Molina, el interés de dicho argumento resulta notable. Reconozco mi debilidad por las historias pseudoautobiográficas, sobre todo si son de escritores.

En concreto, el alter ego de Muñoz Molina toma el nombre de Manuel, aunque no es escritor sino traductor. Por tanto el autor no nos va a hablar de su despertar literario y de su posterior oficio de escritor, lo va a hacer de sus orígenes y de su tierra natal, se va a tratar principalmente de un relato familiar.

A Úbeda, ciudad de donde es natural Muñoz Molina, la va a llamar Mágina. Por ahí deambularán desde el bisabuelo de Manuel hasta él mismo, pasando por padres y abuelos. La primera de las tres partes de la novela, de unas doscientas páginas cada una, está dedicada a sus ascendientes. Una saga familiar que por el modo en que está contada, con vicisitudes propias del realismo mágico, pareciera que tuviera como modelo a la saga de la novela Cien años de soledad, en un intento de convertir así a Mágina en la versión patria de Macondo. Mucho me temo que se queda muy lejos. Su relato se acerca más al territorio de lo que popularmente se conoce como “los cuentos de la abuela”. Y casi consigue el mismo efecto, que nos durmamos.

El primer punto de inflexión será el nacimiento de Manuel, de cuya adolescencia se va a ocupar la segunda parte del libro. Mención especial merece la descripción de su parto, violenta, desagradable y sucia, de lo mejorcito del libro, de veras. De hecho hay otro parto más adelante en el que de nuevo el autor va a demostrar su talento para describir de forma descarnada este tipo de acontecimiento. Otros clímax literarios son el retrato que hace de la gélida relación amorosa de sus padres, para lo cual además de talento hace falta valentía, y las páginas que cuentan el descubrimiento del mundo a través de sus ojos de niño.

La voz narradora es... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


Este artículo me lo han publicado en el blog de reseñas Maleta de libros (http://librosenlamaleta.blogspot.com.es).

4 comentarios:

Darío dijo...

Leí El viento de la luna, y me había gustado bastante. En verdad es un gran narrador, no creo que tenga la estatura de Marías, pero de todas formas es un gran narrador.
Ya me había parecido un poco aburrido ese texto, de todas formas. Aunque como, últimamente estoy muy centrado en las formas, omití esa dimensión.
Creo que con esto...me convenciste!
Un abrazo.

lopillas dijo...

A mi también me pareció aburrido pero aún estaba en aquella época en la que me zampaba cada libro que empezaba. Ya no.
Hola Ricardo! Que sepas que te sigo siguiendo seguido :)
Que tengas un año fecundo. Besitos!

Jorge Ampuero dijo...

Tendré que leerlo,
definitivamente.

Saludos.

Amando García Nuño dijo...

Yo hace ya demasiado tiempo que lo leí, y me pareció correcto, dada la proyección que se quería dar a su autor. Era el lanzamiento comercial de M.M. Llegar al gran público exige renunciar a muchas cosas, entre otras el lirismo.
Yo venía de leer El invierno en Lisboa, novela mucha más potente, más auténtica.
Poco a poco, se ha ido recuperando, hasta llegar a La noche de los tiempos, donde la palabra se ve de nuevo adobada y plena, donde se vuelve a los orígenes del novelista.
Un abrazo.