jueves, 3 de diciembre de 2015

Leyendo "La forja de un rebelde" de Arturo Barea

Amigos, leer La forja de un rebelde es uno de los mejores modos de entender nuestra España. Llegué a este obrón viendo la película de José Luis Garci Solos en la madrugada, en la que el protagonista, José Sacristán, emula en la escritura y en la radio el estilo directo, sincero y vitalista que plasma Arturo Barea en su obra magna. El pensamiento único puede ser una cadena, por eso es de agradecer que alguien piense con independencia, que no pasa nada por desviarse de la línea oficial.

Benedetti consideró este libro “el documento más convincente acerca de la guerra civil”. Sí, la guerra civil, ese tema tabú que lo es porque llevó nuestras diferencias hasta el extremo de la muerte y el horror. ¿Qué unidad nacional puede serlo con semejante fractura? Aún estamos reparando la brecha, y queda mucho por hacer. Por eso es tan recomendable la lectura de La forja de un rebelde, de un autor que partió del siguiente planteamiento: “Si otros no sentían la urgencia de buscar la causa y el encadenamiento de causas, yo la sentía. Si ellos se contentaban con hablar de la culpabilidad del fascismo y del capital y de la victoria final del pueblo, yo no. No era bastante”. Una postura inteligente y valiente. Por un lado los hechos hablaban por sí mismos, por otro lado un tinte propagandístico podía haber enturbiado su crónica de los hechos.

Apenas habían pasado seis o siete años desde su dura experiencia bélica cuando escribió sobre ello, en este sentido fue el más precoz de los escritores en el exilio. Se puede decir que las emociones están a flor de piel. Aunque dentro del género realista que eligió, tomando como modelos las narrativas de sus admirados Galdós y Baroja. Luego desarrollarían la literatura de la memoria Alberti, Moreno Villa, Sender, Corpus Barga, Rosa Chacel, María Teresa León, Francisco Ayala…

Barea hilvanó varios años de Historia e intrahistoria a través de un personaje común: él mismo. Un relato autobiográfico, pleno de acciones, repartido en tres volúmenes: La forja, La ruta y La llama, la trilogía que forma La forja de un rebelde. Comenzando por el mundo de su niñez y juventud, con el objetivo, en palabras del autor, de “tratar de retroceder a mis orígenes, a las cosas que había olido, visto, palpado y sentido, y cuáles de estas cosas me habían forjado con su impacto”. Veremos cómo explicando sus orígenes explica también los orígenes de lo que acabaría siendo la mayor sangría de la historia de España.

La primera edición no fue en español, sino en inglés. La trilogía se publicó el año 1946 en Nueva York, con la mediación de su mujer, Ilsa Barea. De repente gentes extrañas, de fuera, leyeron y entendieron bastante de la sustancia humana y social de nuestra guerra. Tal fue su propósito. La siguiente edición se hizo ya en castellano, en el año 1951 en Buenos Aires. En dicha publicación se ha basado la edición que yo he leído, de la Editora Regional de Extremadura, con comentarios del profesor Gregorio Torres Nebrera. Se trata de la primera edición comentada de La forja de un rebelde. Muy aconsejable.

El primero de los libros, La forja, tiene unas coordenadas espaciales y temporales muy concretas: Madrid, y alrededores, entre 1907 y 1914. Un tramo de siete años que se corresponden, grosso modo, con la distancia que media entre los diez y los diecisiete años de su protagonista (niñez y adolescencia). Es la España de la Restauración y del desencanto surgido de la ruina colonial. Y es un Madrid popular, incluso mísero, proletario, de empleados, menestrales e incipiente burguesía. La herencia noventayochista del gusto por lo castizo castellano asoma a través del retrato costumbrista de la España rural que representan Brunete, Méntrida y Navalcarnero.

El niño, huérfano de padre, pasa los fines de semana en... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


© Ricardo Guadalupe

1 comentario:

Gerardo Vázquez dijo...

Un texto interesante y esencial como testimonio de una época. Yo tengo la edición de la editorial Debate, donde en un volumen están los tres libros. El que más me gustó fue el primero, destila autenticidad y me recordó a Pío Baroja. En los 90 TVE produjo una miniserie dirigida por Mario Camus y con Antonio Valero como Arturo Barea. Este autor es de los que dejan huella y de hecho, algo después me hice con un libro de relatos titulado "La raíz rota", pero no acabo de encontrar el momento para meterle mano.
Un saludo.