jueves, 7 de agosto de 2008

HIPÉRBOLES / Las palabras exageradas

DEFINICIÓN

En esta ocasión la palabra protagonista no tiene medida. Con ella todo adquiere dimensiones extraordinarias. Estoy hablando de una palabra que es una exageración. Se trata de la hipérbole, y lo que exagera la hipérbole es la realidad, ya sea por exceso o por defecto. Así que una hipérbole no se debe tomar al pie de la letra; su fin es otro, busca la intensidad. Unas veces para recalcar una idea, otras para resaltar un rasgo, otras simplemente para hacer gracia.

USO Y EJEMPLOS

Un ejemplo de hipérbole se da cuando decimos “Un millón de gracias”, y es que la hipérbole es una de las características del lenguaje coloquial. De ahí que muchas frases hechas sean hipérboles, como por ejemplo “Echar la casa por la ventana”.

Sigamos con más ejemplos. En la prensa deportiva las hipérboles están a la orden del día. Baste como prueba el conocido titular “El partido del siglo”.

En el lenguaje publicitario también abundan. Los anuncios acompañan a los productos o servicios con calificativos como “excepcional”, “colosal”, “el mejor” que acaban a menudo formando parte de un eslogan que será toda una hipérbole.

Lo cierto es que la exageración está bastante extendida, también en el mundo de la imagen. Por ejemplo, un fotógrafo puede agrandar, estirar un objeto respecto al resto cuando utiliza el objetivo de cámara llamado “ojo de pez”. Una hipérbole parecida hace el dibujante en una caricatura, es decir, deforma la imagen para destacar algo significativo.

USO LITERARIO

Pensemos ahora el papel de la hipérbole en la literatura. Hemos dicho que la hipérbole es propia de la expresión oral. También que no se trata de una apreciación objetiva de las cosas, sino subjetiva. Entonces, si un escritor pone hipérboles en boca de su personaje, lo que está haciendo es humanizarlo. La voz del personaje nos va a parecer más cercana, conocida. Todo ello facilita la identificación con el personaje, y resulta ser una función literaria importante de la hipérbole.

EJEMPLOS LITERARIOS

Y un ejemplo claro lo tenemos en la novela “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger. Aquí el personaje principal, Holden, se describe frecuentemente a través de hipérboles. He seleccionado dos de ellas. Una sobre cómo es exteriormente: “Todo un lado de la cabeza, el derecho, lo tengo lleno de millones de pelos grises”. Y la otra sobre cómo es interiormente: “Nueva York es terrible cuando alguien se ríe de noche. La carcajada se oye a millas y millas de distancia, y le hace sentirse a uno aún más triste y deprimido”. Con hipérboles como estas es como si en vez de leer al personaje estuviéramos escuchándolo y lo tuviéramos al lado en persona.

REALISMO MÁGICO (GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ)

Y me sería imposible despedir a la hipérbole sin antes recordar un estilo literario que hizo de la hipérbole uno de sus pilares. Me estoy refiriendo al Realismo Mágico, que presenta una realidad que rebasa los límites de lo verosímil, de lo creíble, del mismo modo que ocurre con la hipérbole, que no deja de ser una exageración, y como tal deja atrás lo probable pudiendo a partir de ahí entrar en el terreno de lo mágico.

Vamos a verlo de la mano de Gabriel García Márquez y su novela “Cien años de soledad”. En esta obra, que es el gran referente del Realismo Mágico encontramos la siguiente hipérbole mágica: "Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades"

PARTICIPACIÓN

Por último, no queda sino encargar una hipérbole, porque la propuesta de participación es eso precisamente, una hipérbole. Y qué mejores hipérboles que aquellas historias que nos llegan de generación en generación a través de nuestra familia, y que con el boca a boca han acabado convirtiéndose en hipérboles y en leyendas al mismo tiempo. Prueba a publicar tus hipérboles de leyenda.

8 comentarios:

Sakena dijo...

hablando de realismo mágico oriental esta vez, acabo de terminar "vergüenza" (Shame) de Salman Rushdie, otra obra maestra del novelista pakistaní y condenado a muerto por los integristas=enemigos de la inteligencia y del humor.

También he leído "los versos satánicos" y "los hijos de medianoche". Te los recomiendo!!

genial es tu blog. y espero que esa genialidad tuya no sea ninguna hipérbole.

Ricardo Guadalupe dijo...

"Vergüenza", "Los versos satánicos", "Los hijos de la medianoche", me los apunto, no he leído ninguno.
Sobre el realismo mágico de "Cien años de soledad" la verdad es que no es de mis libros favoritos pero tengo que reconocerle pasajes auténticamente antológicos. Uno de ellos es la muerte de José Arcadio, mi personaje preferido de la novela. En él cuenta el recorrido hiperbólico que hace un hilo de sangre que sale de José Arcadio para avisar de su muerte a Úrsula. Tan hiperbólico como poético. Seguramente por eso lo elegí para narrarlo como persona libro en la plaza de los cubos el día del libro. Otra cosa es que me saliera bien... :-)

Sakena dijo...

Acerca de Cien años de soledad.

Lo leí hace tiempo ya y lo terminé cuando estaba de viaje, en Sao Tiago, una de las islas del archipiélago carboverdiano.

En el pueblo de pescadores donde me encontraba (Tarrafal, en el norte de la isla, era muy poco turístico entonces, por nada en el mundo quiero volver a verlo pues me temo de que se haya convertido en una especie de todo incluido a cielo abierto) había cooperantes franceses (el libro, lo tenía en francés, aún no hablaba castellano) y lo dejé a uno de ellos que estuvo encantado dado que le costaba mucho encontrar libros allí.

Muchas veces volví en pensar en ese libro. ¿Qué habrá sido de él? ¿Le gustó al chico a quien lo dejé? ¿Lo regaló a otro?

En fin, gracias por brindarme la oportunidad de recordar ese pequeño episodio de la vida de los libros.

Sakena dijo...

y otra cosa.
Me equivoqué en el primer comentario.

Salman Rushdie no es paki sino indio ... sorry ... no quiero herir más aún las sensibilidades de aquella zona herida por los nacionalismos y las guerras de religiones ...

AkiraBlog dijo...

Cómo Ricardo, que Cien años de soledad, no es de tus libros favoritos, uy amigo, me has herido de muerte.
Aún tengo ese gustillo imperecedero de aquella tarde cuando llegué a su última página y me pregunté si no habrá una segunda parte...y allí sentado junto a mi perrito lo terminé más que pensando en la novela, pensando en su segunda parte. Mierda, una de mis novelas preferidas, si no la más. Un saludo Ricardo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Sakena, esto que cuentas me recuerda al colectivo BookCossing, ya lo conoces. Y también me recuerda a los enanitos de jardín, a esos que se llevan de viaje para luego enviar fotos de ellos a los dueños saliendo de fondo los países que recorren. Estaría fenomenal hacer lo mismo con los libros. Sería una forma de conocer "la otra historia de los libros", ya no sólo la que contienen sino también la que viven.

Ricardo Guadalupe dijo...

Julio, ¿por qué te leíste esa última página de 100 años de soledad? Cuando un libro te gusta así siempre cabe la opción de dejarse la última página en la recámara. Aunque te entiendo, yo también hubiera hecho lo mismo.

gaby dijo...

Confieso mi ignorancia por no conocer a Salman Rushdie, tarea que me impongo desde ahora, buscarlo y leer alguna de sus obras a como dé lugar. Ayudando a una chica de mi hogar a hacer tareas me encontré este blog el que me produjo curiosidad y vaya que valió la pena dejarme influenciar, muy bueno el blog e interesante el perfil de su creador.¡Felicitaciones! Que no muera la palabra escrita!