miércoles, 6 de agosto de 2008

JITANJÁFORAS / La música de las palabras

INTRODUCCIÓN

Vamos a hablar de la música de las palabras. Sí, vamos a escucharlas y darnos cuenta de que aún sin entender su significado, las palabras son capaces de expresar y transmitir, solamente con su sonido. Y este tipo de palabras al que me refiero abarca desde los primeros fonemas que puede balbucir un bebé hasta las palabras que nos inventamos cantando en la ducha.

DEFINICIÓN

Y cuando hacemos esto, cuando utilizamos estas palabras ininteligibles, esto tiene un nombre, estamos haciendo una jitanjáfora. Este término fue acuñado por el escritor mexicano Alfonso Reyes en la primera mitad del siglo XX para denominar a las palabras o frases sin sentido pero con rima o ritmo.

EJEMPLOS

Se pueden encontrar fácilmente ejemplos en la música, como la jitanjáfora de los Beatles “Obla-dí, obla-dá”. También los hay en la magia, como es el caso del famoso conjuro “Abracadabra”. O en el cine: Charlot en Tiempos Modernos, decía “je le tu le tu le twaa” para darse aires franceses sin saber francés.

USO LITERARIO

En literatura, la jitanjáfora tuvo un gran auge con los poetas del Creacionismo. Este movimiento que impulsó el chileno Vicente Huidobro recurrió a la jitanjáfora porque proporcionaba efectos nuevos y universales, ya que las jitanjáforas no varían de una lengua a otra.

También Eugène Ionesco, padre del teatro del absurdo, introdujo la jitanjáfora en varias de sus obras.

Pero, en realidad, su uso es incluso anterior a que Alfonso Reyes la encontrara nombre. Ya se utilizaba en el siglo de oro español en parodias. Un ejemplo son los versos de Lope de Vega “A la dana dina, a la dina dana, a la dana dina. Señora divina”.

Actualmente, la jitanjáfora aparece sobre todo en la literatura infantil.

GLÍGLICO (JULIO CORTÁZAR)

Y tratando el tema de la jitanjáfora, no puedo dejar de recordar a un mago en el manejo del sonido de las palabras: Julio Cortázar. Empleaba con maestría onomatopeyas, aliteraciones, diminutivos o aumentativos para marcar a su antojo el tono y ritmo de sus textos.

La máxima expresión de esto la tenemos en el capítulo 68 de su novela Rayuela, donde para dar un tono íntimo y un ritmo propio al encuentro físico de los dos personajes protagonistas, crea un recurso literario extremo, un lenguaje codificado pero sugerente, al que llamará glíglico. Dicho capítulo 68 comienza de la siguiente manera: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.”

PARTICIPACIÓN

Y para terminar, no podía faltar la propuesta para participar. Pues bien, esta vez daré dos opciones. La primera, que me parece que puede ser divertida, es traducir al lenguaje de Cortázar, al glíglico, algún pasaje famoso de cualquier libro. La segunda, es probar con una jitanjáfora. Para esto último os contaré un truco: Intercambiar entre las palabras sus terminaciones. Así formó Huidobro la jitanjáfora “el horimento bajo el firmazonte” y yo me despido con “en verano, la literacida se lee hasta la anochetura”.

6 comentarios:

Sakena dijo...

tuve razón cuando, nada más pinchar tu blog, intuyí que era un océano de palabras y conocimientos, gracias Martín !!

no sabía lo que eran las jitanjáforas, sí me gusta Ionesco y el teatro de lo absurdo, claro que sí, y los juegos de palabras !!

en cuanto al origen hébreo de Abracadabra, tendré que buscarte lo que significa según la cábala.

Aún me quedan posts tuyos para leer (a ti el verano no te vuelve estéril, sino todo lo contrario, ni siquiera quiero imaginarme cuál sería la creatividad tuya si fueras aún más productivo en invierno!) y se me ocurre que si hablamos de escritores amantes de las palabras, no podemos olvidarme del fallecido (y francés) Georges Perec.

Ricardo Guadalupe dijo...

Qué grande Perec, sí, le tengo en el punto de mira, a él y a sus lipogramas, y al grupo Oulipo, y a Calvino. Bueno, uno tiene sus debilidades, y al mencionar a Calvino no tengo más remedio que hincar una rodilla en tierra. Este tipo de gente no muere nunca, quizás por ello me guste visitar sus tumbas, me parece que tienen un punto de irrealidad y de que algo asombroso puede ocurrir. Me vas a tomar por loco, pero algo maravilloso me ocurrió hace un par de semanas frente a la tumba de Proust. En definitiva, vemos lo que queremos ver, y yo elijo interpretar las cosas de manera que su sentido me haga sentir bien. ¿Egoísmo? No sé.
Muchísimas gracias por el link que me pasaste de Perec.
Más abrazos,
Ricardo

notre dame 2006 dijo...

Ricardo, por favor, no nos dejes así...
Cuéntanos, cuéntanos ese suceso maravilloso que te ocurrió frente a la tumba de Proust.
Recuerda que lo que no se da se pierde, y por tu blog, veo que tienes mucho que compartir.
Gracias por este espacio tan mágico. :) No me canso de leerlo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Está bien, está bien. A ver, resulta que ahí estaba yo frente a la tumba del autor logró llevar a término "su gran obra". "En busca del tiempo perdido" siempre es un referente para todos los escritores, además de por su calidad lo es porque todos quieren conseguir escribir su propio "En busca del tiempo perdido", quieren ser capaces de crear esa obra definitiva, redonda, en la que entregar todo y que les sobreviva, haciéndoles al mismo tiempo pasar de ser unos buenos escritores a unos escritores de leyenda, con letras de oro en la historia de la literatura. Eso, claro está, es muy muy complicado. Muchos grandes escritores lo intentaron dedicando sus últimos años a esa tarea, acabando sus días sin llegar a conseguirlo (Capote lo intentó, Scott Fitzgerald también, dicen que Rulfo, y hoy en día hablan de Salinger, de que esa es la causa real de su encierro voluntario).

En fin, que ahí estaba yo frente a la tumba del gran gran Proust. Y la anécdota fue como sigue: Tras un rato sentado para escribirle una nota me levanté y se la dejé encima de la tumba. Luego me di la vuelta para coger la mochila y me encontré encima de ella una pluma de escritor. Bueno, era una pluma de cuervo, una larga y bellísima pluma negra de cuervo. Miré alrededor y no había más, sólo había esa sobre mi mochila. Una pluma negra que ahora mismo al girar la cabeza a la izquierda estoy viendo. Está claro que me la llevé, y que me llevé con ella un momento muy especial y que, casualidades aparte, me reforzó en la idea de continuar mi novela.

Esa es la "anécdota".
Un abrazo,
Ricardo

gaviotapatagonica dijo...

Encontrar páginas como éstas no lo considero una loteria sino mas bien una "causadillas de seguilidad viaternet in al tun ton por si" - disulpa la improvisación pero ando un poco con la napia embotellada y se me aglomera las neuromucosas jajajja Tu blog es sencillamente genial sabes y yo he hecho algunos intentos de jirafear dentro de ánforas que bueno, son intentos que no pude menos que volverme dicta luego de leer el 68 d Julio y toparme con Alfonso Reyes y nada, sigo leyéndote que es un placer obla di obla da...
piq piq

Ricardo Guadalupe dijo...

Cómo me alegro, gaviotapatagonica, de esa “causadillas de seguilidad…”. Tu comentario es toda una jitanjáfora, llena además de neologismos, como “neuromucosas”, que me ha encantado, je, je. Espero que estés recuperada de ese resfriado y que sigamos leyéndonos. Acabo de entrar en tu blog y ver que das la bienvenida con una jitanjáfora: Abracadabra. Y que el propio nombre del blog, AbreCadaPalabra, está inspirado en ella. Me gusta.