sábado, 30 de agosto de 2008

SINÉCDOQUE / El juego de los conjuntos

DEFINICIÓN

Para hablar de la sinécdoque vamos a recordar los conjuntos. Imaginemos que para referirnos a un conjunto en su totalidad hacemos alusión únicamente a uno de sus elementos, o al contrario, que para mencionar uno solo de sus elementos utilizamos el nombre del conjunto entero. Pues bien, en tales casos estaríamos ante una sinécdoque. ¿Por qué? Porque se da una identificación entre la particularidad y el objeto que la contiene, o viceversa. Si para nombrar una espada decimos “afilado acero toledano” estamos empleando un tipo de sinécdoque por la que se llama al objeto (espada) por su materia (acero). Cuando oímos “España golea a domicilio” se toma el todo (España) por una parte (el equipo de España). Pero la sinécdoque más importante es la que señala la parte por el todo. En “tengo cinco bocas para cenar” boca es persona. La palabra boca (la parte) amplía su significado hasta el de la palabra persona (el todo).

ETIMOLOGÍA

Etimológicamente, la sinécdoque, que quiere decir recibir juntamente, ha influido en la construcción y el origen de muchas palabras. Así, botones, en su acepción de mozo de hotel, viene de una parte del uniforme que tradicionalmente llevan éstos. Y bracero, que es peón, tiene como raíz la palabra brazo.

EJEMPLOS LITERARIOS

Literariamente, encontramos muchos ejemplos de sinécdoque. García Lorca escribió “Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo”. Nieve y trigo representan montaña y llanura respectivamente (la parte por el todo). De Góngora leemos los versos “Limpio sayal, en vez de blanco lino, cubrió el cuadrado pino”. El cuadrado pino es la mesa (la materia por el objeto).

SINÉCDOQUE NARRATIVA

Pero además, la sinécdoque es para los escritores una técnica narrativa. Se llama sinécdoque narrativa a relatar seleccionando los detalles fundamentales a través de los cuales transmitir una idea más general, total. Por tanto se cuenta una parte con la que imaginar el total. De manera que hace pensar al lector y le evita los gastados términos genéricos, que ya no nos dicen nada. Una posibilidad de sinécdoque narrativa sería elegir un día significativo para describir toda una vida, o bien una anécdota que simbolice una sucesión de hechos.

EJEMPLOS DE SINÉCDOQUE NARRATIVA

También puede crearse a partir de un lugar cuya significación alcance una superficie mayor. Es el caso de la novela “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, que nos muestra el pueblo de Comala, proyección de las tierras campesinas de México olvidadas por la revolución de 1910. Lo mismo ocurre en el relato “El muro” de Jean-Paul Sartre, que toma un calabozo como sinécdoque narrativa de la España de la guerra civil, desde el que evoca lo que pasa afuera en el país.

PARTICIPACIÓN

En el apartado de participación me gustaría que practicáramos la sinécdoque. Propongo describir a un personaje público escogiendo un par de rasgos que le caractericen. A ver si adivinamos quién es sin ver el nombre. Yo tengo ya una descripción, de alguien que seguirá siempre en la memoria de los que le hemos leído: Escritor con bufanda blanca, gafas de cristal grueso y pelo cano largo. ¿Quién es? Empieza por Um y termina por bral.

2 comentarios:

Milagros dijo...

Bravo por el blog, Ricardo. Mortal y Rosa ¿te suena de algo? Lo he leído este verano. Un libro para leer despacio y recrearse donde resuenan voces de otros poetas: J.R. Jiménez, Octavio Paz...

Ricardo Guadalupe dijo...

Yo Mortal y Rosa antes de leerlo lo escuché de la voz de nada menos que Juan Diego. Fue en el Círculo de Bellas Artes en un acto de homenaje que se hizo tras la muerte de Umbral. Ahí me di verdadera cuenta del valor del actor, a veces relegado a un segundo plano respecto al autor de la obra que interpretan. Todo el auditorio enmudeció mientras Juan Diego leía ese extraordinario pasaje de Mortal y Rosa que comienza con "La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo". Fue capaz de darle ese plus que da mayor intensidad al texto, que hace que nos invada de manera que parezca que no existe ni pasado ni futuro ni otra cosa que no sea escuchar y seguir la cadencia de las palabras con todo su significado. Emotivo, fue muy emotivo. Y claro, otra consecuencia de lograr dar ese plus de intensidad y realismo al texto es que luego es inevitable que el que lo escucha, en este caso yo, corra a leerlo con sus propios ojos. "La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo". Gracias Juan Diego y gracias, muchas gracias, Francisco Umbral.