domingo, 2 de noviembre de 2008

ACRÓSTICOS / Los poemas sopa de letras

DEFINICIÓN Y ETIMOLOGÍA

Sabemos cómo normalmente se escribe un poema, con un verso debajo de otro, pero lo que no sabe todo el mundo es que se puede leer en ocasiones no sólo en horizontal, sino al mismo tiempo en vertical, e incluso en diagonal. En esas ocasiones estamos ante un acróstico, que es la palabra protagonista esta vez.

Acróstico viene originariamente del griego, de los términos akros, que significaba “extremo” y stiches, que es “verso”. Con ellos obtenemos la expresión “verso extremo”. Y es que en el acróstico suele leerse en vertical un verso formado por las letras del extremo izquierdo o derecho del poema.

Pero en los acrósticos no sólo podemos encontrar lecturas adicionales en los extremos sino que también las letras intermedias tienen la posibilidad de formar una palabra o frase sea en vertical o en diagonal. De tal modo que encontrar esas palabras adicionales en un acróstico es como encontrarlas en una sopa de letras.

Este carácter cifrado del acróstico ha llevado a que uno de sus usos haya sido trasmitir mensajes secretos. Aunque eso sí, en la mayoría de los acrósticos la palabra o frase oculta tiene como motivo principal resumir el sentido del poema en el que está incluida.

EJEMPLOS LITERARIOS

El acróstico más famoso de la literatura española está en el prólogo de La Celestina. Ahí, leyendo las letras iniciales de los versos, aparece de arriba abajo la frase “El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea y fue nacido en La Puebla de Montalbán”. En este caso el fin del acróstico es el de firmar la obra y evitar que otros autores se apropien de ella.

El hecho es que desde la Antigua Grecia, pasando por la poesía mural del siglo XVII, o por la llamada poesía visual, que tuvo gran auge a principios del XX, ha habido muchos ejemplos de acrósticos. Me viene a la memoria un poema de amor de Jorge Manrique, el poeta medieval español más importante, en el que al inicio de los versos de cada estrofa se repiten las mismas letras, unas letras que componen el nombre de su mujer, doña Guiomar.

Ahora os voy a escribir un acróstico de un poeta de nuestros días, el uruguayo Héctor Rosales. Estad bien atentos a la primera letra de cada verso. El poema dice así: “Límite impreso larva del símbolo ilimitado / En ti el sonido del alma queda blindado / Trinchera en el papel de la emoción escrita / Recluta en tus hilos de tinta esta breve cita / Antes que la olvide y antes que sea olvidado”. Las iniciales de los versos han sido l, e, t, r y a. Y la palabra resultante es “letra”, que es a la que se está dirigiendo en todo momento.

PARTICIPACIÓN

Ya hemos visto cómo se hace un acróstico, y es el turno de que lo intentemos nosotros. Probad también con la palabra “letra”, o si os inspira más, probad a escribir un acróstico con vuestro propio nombre. La manera más sencilla: colocando cada letra del nombre al principio de cada verso. De todos modos, elegid vosotros lo atravesado que queráis que aparezca vuestro nombre.

3 comentarios:

neurotransmisores dijo...

Muy interesante, supongo que habrá muchos enigmas en la literatura todavía sin descubrir.

Saludos.

graze dijo...

vista la categoría de "Palabras" sé de un libro que te gustaría... "la tienda de palabras" de Marchamalo http://www.bookcrossing.com/journal/2896577 ;)

Ricardo Guadalupe dijo...

Me apunto el soplo ;-) Muchas gracias graze.
Un beso