martes, 16 de diciembre de 2008

Clarice Lispector (Brasil) / Felicidad clandestina (fragmento)

"¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo. Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo"

8 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Clarice Lispector daba prioridad a las sensaciones. Y quizás por ello conectaba tanto con el mundo infantil. Su escritura tenía más que ver con el flujo de conciencia que con las pautas que marca una estructura narrativa convencional.

En este fragmento, que tanto me gusta, describe con gran acierto y lujo de detalles la fascinación que produce la literatura, y por la cual a menudo convertimos a los libros en objetos de culto. Como curiosidad, contaré que el libro en cuestión con el que llega a ese “éxtasis purísimo” es el “El reinado de Narizinho”, de Monteiro Lobato, escritor de reconocido prestigio en literatura infantil.

Inga Luv dijo...

Como todo placer que nos conmueve, a veces el ritual que lo envuelve es tan importante como el gozo que nos proporciona el cometido final. Aplicable el ejemplo a una rica comida, un ansiado disco, hacer el amor o comprar un libro.
Dar prioridad a las sensaciones tiene una doble vertiente: se saborea la vida más y también más se padece, pero en mi opinión, compensa. Siempre acaba compensando.
Tras pasar horas en la librería L'Odisea, donde la atmósfera es pura quietud, me hago con uno, dos o tres ejemplares apetecibles. Ya el hecho de recorrer los pasillos, contemplar portadas, repasar las contras y oler sus páginas vírgenes, es toda una satisfacción. Después, sí, como dice Clarice (por cierto, qué bonito nombre) abrazas los libros, y con orgullo los acercas a tu pecho, y deseas el momento de sentarte en tu rincón preferido para empezar la lectura. Pero... ¿no se convierte entonces un poco en el principio del final? Y postergas el momento, como en una ceremonia china del té, hasta que todo está en disposición, hasta que se da el momento idóneo para abrir la primera hoja y sumergirte en un mundo que esperas te lleve a otro paralelo, en el que flotar, sufrir, solazarse, viajar, descubrir y, al fin y al cabo, dar prioridad a todas esas sensaciones que la literatura nos regala.

Que tenga usted un buen día.

notre dame 2006 dijo...

Qué preciosidad de textos, y qué maravilla de comentarios hacéis.

Es un regalo poder leeros!

semifusa dijo...

Yo de mayor quiero escribir como Clarice Lispector.
¿Puede existir mejor pauta que la de no dejarse llevar por las pautas a la hora de transmitir?
Para mí ésa es la verdadera clave de lo que consigue emocionarnos.

Y el fragmento de su obra que has elegido es, sencillamente, ¡precioso!

Gracias por estas joyitas, Ricardo.
:)

Trenzas dijo...

La brevedad de este cuento no le priva de nada, al contrario; intensifica la emoción de la recompensa tan duramente conseguida.
El año pasado lo publiqué entero en Trenzas y Geranios. Era lo único que tenía de Lispector de la que había leído un par de novelas que nunca fueron mías. Este cuento, sí, por suerte :)
Lo bueno, perdura.
Un abarzo, Ricardo

Trenzas dijo...

¡Felices Navidades y felices letras, amigo...!
Deseo que el año nuevo venga cargadito de libros y palabras para ti.
Y que lo imposible, sea.
Un abrazo bien grande, Ricardo.

neurotransmisores dijo...

Felices Fiestas y buen año 2009.

Ricardo Guadalupe dijo...

Ya de vuelta después de nochebuena, navidad, y unos días pasados en la nieve. Y qué bien leer vuestras palabras. Muchas gracias Inga por la descripción de tus encuentros con las páginas vírgenes en la librería L'Odisea, un lugar que parece realmente inspirador y apetecible. Y me he alegrado mucho de que os haya gustado tanto el fragmento, y de leerlo también en tu blog, Trenzas, junto con el resto del relato (en el post de fecha 21-08-07, para quien quiera buscarlo). Felices Fiestas para todos, os deseo un nuevo año de ilusiones y de sueños cumplidos. Y que sigamos en contacto para contárnoslo.
Salud!