sábado, 3 de enero de 2009

Cristina Peri Rossi (Uruguay) / El museo de los esfuerzos inútiles (fragmento)

"El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues, que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes 'que yo disimulo por pudor' y el frío de la pared congestiona mis pulmones... Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y, cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir"

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Comentario: Cristina Peri Rossi es de las escritoras más destacadas de ahora y de siempre, de las que mejor han empuñado la pluma, y seguramente porque siente la literatura como aquello que más le ha acercado a la libertad en su estado puro.

Y sabe muy bien de lo que habla cuando se refiere a ese lugar que existe entre la espada y la pared, y en el que es imposible vivir.

Efectivamente, cuanto más huyes de las amenazas que te rodean, más se crecen éstas y más te atenazan. En cambio, cuando las enfrentas, muy posiblemente no resulten ser tan fieras como las pintabas. Además, no hay que olvidar que esos muros y esas espadas afiladas que tratan de limitarnos tienen también un poderoso sentido para nosotros, están hechos exclusivamente para nosotros, son nuestros retos, nuestro encuentro con la negación, y, por tanto, con nuestro afán de superación o, por el contrario, con nuestra resignación; con nuestra seguridad y fe, o con nuestras dudas e inseguridades. O con todo ello al mismo tiempo, sólo que en esos casos no hay otro remedio que decantarse y elegir. La prueba de que esas barreras de cada uno están hechas únicamente para nosotros es que ningún otro puede vencerlas por nosotros, y, de hecho, si optáramos por renunciar y sucumbir, entonces desapareceríamos y, sin nosotros, el muro se derrumbaría y la espada enmohecería, tal como señala el texto de Peri Rossi.

Y ahora, cambiando de tema, o no, y aprovechando que muchos de los amigos y amigas con los que comparto el mundo blog viven en sociedades cosmopolitas y multilingües, no quiero pasar por alto la absurda situación que padecieron Cristina Peri Rossi y sus oyentes al ser despedida ésta de Catalunya Ràdio por no hablar catalán.

Creo que la calidad literaria y cultural de esta autora uruguaya está sobradamente contrastada. Para mí es una de las mejores escritoras vivas y una voz que en ningún momento hay que acallar, sino que es precisamente una de esas voces sabias de las que todos podemos aprender, y con el privilegio añadido además de ser una voz contemporánea y comprometida con la realidad actual. Las circunstancias, o más bien el inminente golpe de estado, la llevaron a exiliarse de Uruguay en los años setenta. Desde entonces vive en Barcelona, de manera que ya ha vivido más tiempo en Barcelona que en su país de origen. Tiene la doble nacionalidad, se siente barcelonesa, y a mi parecer nadie debiera dudar de su activa aportación a la cultura en Cataluña.

Dejando al margen otras consideraciones políticas que alargarían indefinidamente esta entrada, me gustaría incidir sobre todo en el asunto lingüístico, que es lo que me interesa. De fronteras y banderas no entiendo, y firmo mil veces las palabras de uno de mis gurús, Roberto Iniesta: “Soy extremeño, (en mi caso madrileño), auténtico, y me cago en las banderas. Las banderas son la degradación del color, los colores existen para otra cosa y no para eso”. Pues bien, dejando clara mi posición y mi oposición a que un trapo coloreado me represente y me obligue a obedecer las ambiciones de poder de los que gobiernan, paso a considerar el tema lingüístico que llevó al despido de Cristina Peri Rossi.

Pienso que hay un error de base muy extendido por el cual se identifica el uso de una lengua con el sentimiento de pertenencia a un territorio. Una cosa es la comunicación y el sentido original que causa la creación de un código escrito y verbal en el que entendernos mejor, y otra cosa es la seguridad y estabilidad que nos puede proporcionar un entorno familiar y un territorio del que conocemos los códigos de comportamiento, al que estamos habituados, y en el que nos sentimos cómodos, y protegidos de alguna manera. Una cosa es la forma y otra es el fondo. Valga de ejemplo Kafka, auténtico símbolo checo, pero que en cambio escribía en alemán. O uno de mis grupos favoritos, Dover, que canta en inglés, pero que no por ello deja de ser un referente del rock madrileño. Y, sinceramente, lo mismo entiendo que sucede con Peri Rossi en Barcelona por mucho que escriba y hable en castellano. Con Peri Rossi o con tantos otros en otras tantas lenguas, porque la riqueza y diversidad de la sociedad catalana parte precisamente de haberse abierto a Europa más que otras sociedades y regiones, y no por lo contrario.

Lo que quiero decir es que es obvio que la lengua catalana ha sido perseguida durante décadas de totalitarismo. Un totalitarismo que no hay que olvidar para no caer en los mismos errores y en las mismas injusticias. Puesto que cualquier carta de principios (como la de la corporación catalana de radio y televisión, en la que se fundamentó el despido de Peri Rossi), por muy loables e importantes que sean sus fines, pierden su legitimidad y respeto si se llevan al extremo en su aplicación y coartan la pluralidad, yendo así en perjuicio de la ciudadanía a la que pretenden beneficiar.

En fin, esta es mi opinión. Ahora me gustaría escuchar las vuestras, sin perder de vista a ese exiguo espacio que queda entre la espada y la pared, y en el que vivimos tan condicionados.

3 comentarios:

Alex dijo...

Estoy de acuerdo muchas veces nos vemos entre la espada y la pared y cuando pasamos el momento de desesperación nos damos cuenta que la espada y la pared se diluyen como si hubiera sido un mal sueño.

Saludos.

lalolentofanes in situd dijo...

no podria definir mi critica como una cuestion literaria, cuando en estas palabras hay tanta vida aun entre espadas y paredes que a mi vida personal, en mas de una ocacion he asistido a tan apremiente acontecimiento..

lo cierto es que considero que sin espadas afiladas e incluso de doble filo y paredes gelidas y asperas, no podriamos saber que es lo que se dice cuando de dice vida...
en el diminuto instante que mi cuello se desangra y espalda violacea se adormece algo irremediablente tragico resuena..

Ricardo Guadalupe dijo...

La vida también son espadas y paredes, es cierto. Me viene a la cabeza la historia de Siddhartha, que abandonó su jardín de príncipe, aislado de muerte, enfermedad y vejez, para salir al mundo y a la vida, y a las espadas y los muros. Yendo así al encuentro de todo lo que significa la vida.

Pero aunque sea también un aprendizaje estar entre espadas y paredes, y aunque incluso haya gente que encuentre en ese espacio un empuje para vivir, sigo estando de acuerdo con Peri Rossi sobre que ahí la vida es tan exigua como exiguo es ese espacio.