jueves, 12 de febrero de 2009

Cien años de soledad (fragmento narrado)




13 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

José Arcadio, hijo de Úrsula y José Arcadio Buendía, es mi personaje favorito de la novela. Una novela, Cien años de soledad, que no llegué a sentir al 100%, pero que tiene fragmentos tan magistrales como este, que para mí es poesía pura, y en el que se narra la llamada que un hijo hace en el momento de su muerte a su madre, a través de un hilo de sangre, como si de un cordón umbilical se tratara. Este hilo de sangre serpentea, sube y baja en un recorrido hiperbólico que es muy representativo del realismo mágico de García Márquez y del conjunto de la novela, tal como hace su excelente título: Cien años de soledad, también una gran hipérbole en sí mismo.

Otra posible interpretación de este fragmento me la dio mi madre hace unos días: El hilo de sangre que recorre las calles de Macondo simboliza la sangre derramada y que ha bañado las calles durante siglos a causa de las guerras en Hispanoamérica, por eso no se va el olor a pólvora, porque aún siguen sonando estampidos de pistoletazos, y porque aunque la guerra pase el dolor permanece.

Una auténtica joya este fragmento.

ALMA dijo...

Es lo que tiene la buena palabra, que cada uno encuentra un significado distinto pero igualmente válido y hermoso.

Saludos

Alejandro Kreiner dijo...

Los remordimientos tiñen de pasado nuestro presente.

Saludos.

notre dame 2006 dijo...

Eres osado al recitar un texto tan difícil como este.
Siempre me pareció densa la escritura de García Márquez. Me sobrepasa su estilo "barroco" y su delirio a veces me exaspera.
Sin embargo, al escucharlo de tu voz, me he sorprendido sonriendo.
Qué buen juglar!!

Inga Luv dijo...

Algún día me tienes (nos tienes) que contar, de dónde sacas ese don para memorizar.
Y al margen de tu capacidad, también estoy con tu madre en su interpretación.
Es la magia absoluta de las palabras de Gabo.

Muchos besos.

Trenzas dijo...

Un auténtico disfrute este "Cien años..." así contado.
Ya te dije en el anterior recitado que comunicas muy bien el sentimiento y de lo que cuentas. Lo repito ahora, despues de escucharlo un par de veces.
Espero que haya otros :)
Un abrazo fuerte, Ricardo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. En cuanto al tema de la memoria al que se refiere Inga, pues no hay ni secreto ni don, sólo ganas de interiorizarlo y de transmitirlo y de practicarlo y practicarlo. Mi propia capacidad de memorizar me la está haciendo ver la literatura. Ni libros de texto ni listines telefónicos, sino la literatura. Mi pregunta sería ¿cuál es el límite? ¿cuál es nuestro límite?. Aunque ahora que lo pienso mi respuesta sería ¿qué importa? ¿quién quiere saber de límites mientras se disfrute con lo que se haga?

CASANDRA dijo...

tu último comentario al post, puede dar origen a otro post por sí mismo.

Lucía dijo...

Bueno, qué te voy a decir que no te haya dicho: impresionante.
Me gustaría pedirte permiso, si te parece bien, para poner uno de los dos vídeos en mi blog. Si no te apetece lo entiendo.

Un abrazo.

Ricardo Guadalupe dijo...

¿Que quieres incluir uno de los videos en tu blog? ¡qué tremendo honor! Me encanta tu blog. Me parece que es enormemente rico en sensibilidad, conocimiento y empatía. Y que de alguna manera pueda aparecer yo en él es un privilegio, de veras. Ya estoy impaciente por verlo.

Un fuerte abrazo, con una sonrisa de oreja a oreja.

graze dijo...

Pues a mí me gusta más tu interpretación =P

Ricardo Guadalupe dijo...

Hola graze! ¿o debería decir Momo? :-) (uno de los videos más vistos en youtube, tal como dijo Antonio) Bienvenida!! Me gustó mucho volver a escucharte esta semana. Ya me estoy metiendo en tu blog para devolverte la visita. Un beso

Por cierto, aquí dejo la dirección del video de graze para quien quiera verlo (es un delicatessen): http://www.youtube.com/watch?v=soauHZpENxE

Gupe dijo...

Gracias por este fragmento tan bien narrado de Cien años de soledad, un libro que guardo en los recovecos de mi memoria afectiva porque, allá en la adolescencia, recurría a él siempre que olvidaba por qué me gusta la literatura; y entonces él siempre me daba la respuesta: por la magia...
Besos