sábado, 21 de febrero de 2009

La ausencia

El segundo día que Abel Soca volvió a la oficina con la excusa de unos expedientes, su jefe tuvo la delicadeza de elegir el despacho como lugar para recordarle que las vacaciones son obligatorias y que no quería problemas con una eventual inspección de trabajo. Por eso, cuando Abel Soca bajó del autobús al día siguiente, no entró en el edificio, y se volvió a casa. Allí miró el reloj y se dijo “Ya son las diez, quedan doce horas para las diez”, y así lo mismo a cada momento que le acercaba a la hora de acostarse. Entretanto bajó a la calle para hacer la compra, aunque luego hubo de dejarla fuera de la nevera porque no cabía. También subió cuatro periódicos deportivos. Cuando terminó de leer la última palabra del último de ellos, poco faltaba ya para las diez. Pero en realidad aún no era la hora cuando, después de cumplir con toda la rutina que seguía para acostarse, ya se hallaba dentro de la cama.

Al principio pensó que era la falta de actividad, pero cuando al abrir los ojos el sudor acumulado en las pestañas se los empañó, decidió que era el calor el que le impedía conciliar el sueño. Se desnudó, pasó al baño y en un lado de la bañera acomodó su almohada mientras en el otro se recogió las piernas para caber a lo largo. Poco después fue al dolor de huesos a lo que atribuyó su vigilia, y levantado en pie fue cuando le asaltó una preocupación: Estaba seguro de haberse dejado alguien afuera. Rápidamente volvió a la habitación a mirar la pantalla del móvil; no había llamadas. Quizás todavía esperaba en la puerta a que le abriera, así que corrió a pegar su ojo a la mirilla, pero no vio a nadie. Tras unas vueltas en círculo dio con la solución, no podía ser otra; Seguro que ese alguien había entrado en la casa de al lado por equivocación. Entonces Abel Soca salió, desnudo como estaba, y parado ante la puerta vecina se pasó una mano por el pelo, y apretó el timbre.


© Ricardo Guadalupe

11 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Mi dedicatoria va esta vez a una conocida de Mallorca que en una ocasión me contó una historia que inspiró este relato. Lo más curioso es que ella en ningún momento veía el motivo de fondo de lo que le ocurrió. Es interesante observar cómo funciona el subconsciente para avisarnos de lo que no vemos, e igualmente interesante observar cómo vemos antes la paja en el ojo ajeno que una viga en el propio.

Abrazos

CASANDRA dijo...

anoche mismo mis sueños me alertaron de algo que hoy iba a ocurrir. Igual, como no tendemos a hacerles caso o muchos se desvanecen...que seguramente vemos más lo evidente en el prójimo. Interesante relato, que me hace regresar por más. saludos.

Esteban dijo...

Relato sorprendente en la mejor interpretación de la palabra.
El apego a la rutina y la soledad de una persona me resultan familiares y hacen al personaje muy creible ¿quien no conoce alguien parecido?

Un abrazo,

Esteban

P.D. - Te deuvelvo la visita que me hicistes al blog http://champanporlastetas.soy.es pero, visto lo visto, volveré a menudo.

Luzdeana dijo...

Me conmueve este personaje cuyo nombre parece ser lo único con algún peso en la historia, en contraste con el vacío de su vida. Me recuerda al José de Saramago en "Todos los nombres", como un náufrago prendido a su rutina para sentir que existe, e intentando ver el destello que haga la diferencia en la monotonía de sus días. No sé, es lo que me deja a mí. Un beso.

cacho de pan dijo...

seguramente su vida cambiará, para bien o para mal...
un alegato a favor de la acción

Gorocca dijo...

Excelente Ricardo, una existencia que da vértigo por otra parte.
Abrazos!

Alejandro Kreiner dijo...

Las rutinas nos hacen perder partes de nuestras vidas.

Saludos.

ALMA dijo...

Si que se dejo a alguien fuera aunque ese alguien era él mismo o una parte de él mismo. Se dejo fuera parte de su vida, de su triste y solitaria vida.

Saludos y perdona la interpretación, siempre me invento cosas en los relatos

notre dame 2006 dijo...

Yo creo que el trabajo no es tan malo como lo suelen pintar. Por lo menos cuando se tiene vocación. Ahora lo que sí que es triste es no ser capaz de vivir plenamente estando solo.
En mi opinión la soledad es la mejor vía para el conocimiento de uno mismo. A partir de ahí, se abren puertas, se amplía el horizonte, surgen nuevas perspectivas, y por su puesto, llega la plenitud.
Alguien dijo que quien se siente solo cuando está solo es que no está en buena compañía.
Besitos.

Poli dijo...

Hermosa manera de describir la soledad.
Cuántas veces uno mira el teléfono sin que haya sonado?
Igual yo encuentro, cada vez más, cierto placer en mis momentos de soledad.

Beso Ricardo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Casandra, sí, los sueños nos pueden ayudar si sabemos cómo interpretarlos, y tal como dices, Esteban, el apego a la rutina y la soledad son algo que está muy generalizado. Me gustaría leer lo que escribe Saramago al respecto en el libro que mencionas, Luzdeana, aunque de vértigo, como señalas tú, Gorocca. Lo peor de todo es que la rutina nos hace perder sobre todo la emoción de la incertidumbre, en esto estoy de acuerdo contigo, Alejandro. Es como si uno se dejara una parte suya afuera, qué gran reflexión, Alma. No sólo te la disculpo sino que te la agradezco mucho. Eso sin quitarte un ápice de razón a ti, notre dame, puesto que un buen trabajo puede hacernos sentir útiles y nos aporta seguridad. Y es cierto que es en la soledad cuando alguien puede bucear más en uno mismo, por eso me gusta la frase que citas de que quien se siente solo cuando está solo es que no está en buena compañía. Algo que en absoluto te ocurre a ti, Poli, está claro que tú eres una excelente compañía. En cuanto al relato de “La ausencia” en sí he tratado de que sea justo lo que dices tú, cacho de pan, “un alegato a favor de la acción”, y contra el inmovilismo, eso de lo que no pecáis ninguno de vosotros.

Un abrazo enorme y gracias por estar ahí, en movimiento.