viernes, 27 de marzo de 2009

Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand (fragmento narrado)



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Comentario: Cyrano recita estos versos tras rechazar al cardenal Richelieu como protector. Y resultan ser toda una declaración de principios de vida, prácticamente una oración o himno que repetir y repetirse uno de vez en cuando.

En cuanto a los versos en sí, en realidad los tomé del guión de la versión cinematográfica que realizó Jean-Paul Rappeneau en 1990, los cuales, además de ser bastante fieles al texto original de Edmond Rostand, tienen el añadido de recordarme la extraordinaria interpretación que de Cyrano hizo Gérard Depardieu.

Y por último, y esperando no desairar con ello a Cyrano y su espíritu, voy a hacer caso por una vez a las normas de protocolo, que dicen que siempre hay que dejar lo importante para el final. Así que voy a dedicar esta narración a María, que no sólo me animó a aprenderme este texto, sino que me anima cada día a ser fiel a mí mismo.

6 comentarios:

Esteban dijo...

Ciertamente me gusta esa parte que has declamado y me gusta como lo has hecho.

¿Has probado alguna vez con el texto de Shakespeare que habla sobre "le dia de San Crispin" en Enrique V?

Un abrazo,

Esteban
http://champanporlastetas.soy.es

Luzdeana dijo...

Qué bueno recordar a Cyrano y sus principios, qué volátiles parecen ser los principios hoy en día... que tan fuera de este mundo modelo siglo XXI. No quiero ponerme pesimista. Prefiero gozar de saber que sigue habiendo personas conmovidas ante la solidez de un conjunto de ideas sobre la vida que rijan nuestras conductas, que definan nuestra manera de ver el mundo.
Me recordaste la película, que disfruté tanto hace años.
Te has posesionado del papel! Alguna vez probaste con la actuación? Me parece que la interpretación te está tirando, ja ja...¿Qué opinás?
Un beso!

graze dijo...

¡Genial! me ha encantado =)

notre dame 2006 dijo...

Bravo Ricardo!
Se nota que lo vives. Todo un ejercicio catártico!
Ojalá nunca dejes de pensar así.
Besos.

Corina dijo...

Hola,estuve revisando tu blog y me encantó, de hecho tomé algunos datos para mi clase de luteratura comparada. Gracias por compartir tu faceta literaria con el mundo.

Felicidades desde México

Ricardo Guadalupe dijo...

Con amigos como vosotros da gusto, je, je. Y sí me pensaré lo de la interpretación. La verdad es que siempre me gustó hacer un poco "el payaso" (en el buen sentido de la palabra, claro).

En cuanto a ti, Corina, un honor y un placer que hayas encontrado aquí material interesante para tu clase de literatura comparada. Bienvenida a este universo, y, por supuesto, cualquier propuesta u opinión que quieras lanzar será bien recibida.

Y para acabar este comentario qué mejor que el texto que ha sugerido Esteban. Un texto que no conocía y en el que he encontrado toda la fuerza de la escritura de Shakespeare. Va por ti, Esteban, y por mi compañero Eduardo, un gran escritor de discursos y un gran lector de Shakespeare. Aquí está "El discurso del día de San Crispín":

"Enrique V: [...] Ah, no desees uno más; más bien proclama, Westmoreland, por todas mis huestes, que a quien no tenga ánimos para esta lucha, se le deje marchar, se le haga el salvoconducto, y se le ponga en la bolsa coronas para el viaje; no queremos morir en compañía de quien tema que su compañía le hará morir con nosotros. Hoy es el día de San Crispín; el que sobreviva a este día y vuelva a casa sano y salvo, se elevará de puntillas cuando se nombre este día, engrandeciéndose ante el nombre de San Crispín. El que salga vivo de hoy y llegue a la vejez, todos los años, en la víspera de ese día, invitará a sus vecinos, y dirá: “Mañana es San Crispín”; y luego se remangará y enseñará sus cicatrices. Los viejos olvidan; todo quedará olvidado, pero él recordará, mejorándolas, las hazañas que hizo ese día. Y entonces nuestros nombres serán familiares en su boca como palabras caseras; el rey Enrique, Bedford, Exeter, Warwick, Talbot, Salisbury y Gloucester, todos seremos recordados de nuevo entre sus vasos rebosantes. Este relato contarán los hombres buenos a su hijo; y jamás pasará el día de San Crispín y San Crispiniano, desde hoy hasta el fin del mundo, sin que seamos recordados en él, nosotros pocos, felices pocos, nosotros, grupo de hermanos, pues el que hoy vierta conmigo su sangre será mi hermano; por villano que sea, este día le hará de noble rango, y muchos caballeros de Inglaterra, que ahora están en la cama, se considerarán malditos por no haber estado aquí, y les parecerá mísera su valentía cuando hable alguno que combatiera con nosotros el día de San Crispín.”