miércoles, 12 de agosto de 2009

La casa de Clara

....—¡Ya salgo, ya! No hace falta que eches la puerta abajo.
....Abro el pestillo del baño, con lo que cede la puerta ante el empuje invasor. Es mi hermano Pedro dispuesto a reventarse todas las espinillas contra el espejo.
....—¡Pizza de granos! ¡Saco de pus! —le chillo mientras me saca al pasillo, encerrándose luego con su sacacomedones.
....«Hoy no habrá revancha —me digo, estirándome la blusa del uniforme frente a la puerta—, llego tarde».
....Entro en mi cuarto a por la cartera del colegio y el tubo porta láminas con el trabajo para la señorita Prieto. Nadie tiene el gesto tan estirado como la señorita Prieto. Yo creo que es por lo mucho que se tira del pelo para llegar a asegurárselo con algo con pretensiones de coleta pero que a mí me recuerda más al nudo de un globo. Quién sabe, quizás si alguien le soltara la coleta se deshincharía volando por toda la clase.
....Recojo cartera y porta láminas vigilada por mi reloj de Porky de pared. Sus agujas se han convertido en dos flechas que me señalan la salida. Tengo que darme prisa.
....Antes de alcanzar las escaleras me frena desde el baño la voz:
....—¡Eh, sabelotodo! Se te ha vuelto a olvidar algo.
....Lamento tener que darle esta oportunidad a mi hermano pero pregunto:
....—¿Qué?
....—¡Los cascos de botella para las chapas de tus dientes!
....Con un movimiento seco de cabeza mi melena me cubre la mueca de fastidio, pero no evita que escuche su carcajada. Da igual, se le cortará cuando se vuelva a mirar en el espejo. Me precipito escaleras abajo. Los zapatones con los que me dejo caer golpean en tam-tam los escalones hasta superar los dos últimos con un salto. He alcanzado la recta final hacia la puerta de salida.
....Al pasar al lado de la cocina lanzo a mi madre sin mirar un “No tengo hambre”, que al llegar a continuación a la altura del comedor vuelve como un boomerang en forma de la respuesta “Tómate una tostada”, que mi padre ha clavado también sin mirar.
....Viro en curva a la derecha y freno en seco ante la mesa rodeada por mi hermana Marcela, mi padre, y su periódico... (pincha aquí para ver el texto completo y seguir leyendo)


© Ricardo Guadalupe

10 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

La semana que viene estaré en la montaña, así que no habrá entrada en el blog. Os dejo mientras tanto este relato, el más largo de los que he publicado hasta ahora, son unas cinco páginas en formato Word. Espero que os apetezca leerlo hasta el final. Os “veo” a la vuelta. Un abrazo

Lala dijo...

Dios mio, qué estrés!!!
xDD!!!
El texto tiene un ritmo tan rápido!
Y acaba con ese final corto y seco...que da yuyu...
Es genial! :D


Un besito


Lala


P.D. Pásala bien! Hasta la vuelta!

Susy dijo...

Qué ternura!!!
Disfruta todo lo que puedas y a la vuelta, el resto.

Un abrazo.

lopillas dijo...

Me ha encantado el texto. Agarras al lector suavemente y luego ya no puedes soltarte. Tremendo el ritmo.
Y me has tenido en vilo hasta el final: Es el tipo de relato en el que la tensión me puede y tengo que contenerme para no hacer trampas y leer el final antes de tiempo :D
Hablando de otras realidades... inquietante final.
Un beso

AkiraBlog dijo...

Uno de tus mejores relatos mi querido Ricardo, sin lugar a dudas. Clara, que dicho sea de paso un hermoso nombre para una niña y protagonista excepcional, historia ágil, con ritmo trepidante, con tema precioso y alucinante, que más parece uno de mis cuentos que tuyos, sin desmerecerte claro, jeje, pero, con un final realmente extraordinario. Y como tú me dijiste hace poco con un cuento mío, este camino es el tuyo, y estás hecho para él. Relatos como éste, me confirman tu extraordinaria capacidad para narrar.

Un abrazo: Julio.

Deprisa dijo...

Un relato frenético, apenas puedes respirar durante la lectura.

Me gusta especialmente cómo llevas el misterio que rodea a la casa.

mi nombre es Alma dijo...

Como dice Lala, un ritmo trepidante.

Saludos y a pasarlo bien

Poli dijo...

Excelente!
Lo imprimí para leerlo de regreso a casa. La luz tenue y el vaivén del colectivo no consiguieron que interrumpiera mi lectura.
Me encantaría saber si lo escribiste con la misma aceleración que provoca. Uno comienza a leerlo y corre por los renglones como Clara por el jardín. Me gustó mucho todos los finales que imaginé y no acertarle a ninguno (jaja).
Me encantó!
Felicitaciones y espero que la estadía en las montañas te siente bien. (y que la próxima huida nos encuentre)
Besos Ricardo.

Luzdeana dijo...

Ricardo, qué maravilla nos dejaste mientras esperamos tu regreso.
No podía dejar de correr en los pies de esa niña, me quedé sin aire. Impecables las imágenes, el movimiento, las palabras justas están y faltan las que deben faltar. Felicitaciones por un texto tan logrado. Me has vuelto por unos minutos a la niña llena de sensaciones con que mi imaginación sin control solía zarandearme de pequeña. Incluyendo temores que tenían toda la angustia de su desmesura.
Un beso grande y... que la montaña te inspire para disfrute nuestro!

Ricardo Guadalupe dijo...

Ya estoy de vuelta de las Alpujarras granaínas. Muchas gracias por vuestras generosas críticas, comentarios así animan a uno y mucho. Os contaré una cosa, el origen del relato parte de un ejercicio planteado en un taller de escritura hace unos años. El ejercicio consistía en que resumiéramos en un titular algún sueño recurrente que tuviéramos y que luego el compañero situado a la derecha lo desarrollara en forma de relato. Recuerdo que yo tuve una suerte inmensa, porque me tocó el sueño más sugerente de todos, o al menos así me lo pareció a mí. Fue el de Eva, que enunció su sueño más o menos de esta manera: “Sueño que salgo por la mañana de casa y que cuando vuelvo mi familia no me reconoce”. ¿Qué os parece? Genial, ¿no? Y escalofriante también. Pues bien, de ahí parte La casa de Clara.

Como se trata de un relato de origen onírico sobran las explicaciones, a no ser aquellas que queramos buscar en nuestros respectivos subconscientes.

Un fuerte abrazo