miércoles, 2 de septiembre de 2009

El autómata

Inspiro y espiro
Inspiro y suspiro
Inspiro, inspiro y aguanto la respiración.

Al principio todo es calma y quietud
siento los latidos como si un reloj
estuviera marcando el paso del tiempo.

Comienzo a soltar el aire
y con él los recuerdos.

Empiezan a estrangularse mis pulmones.
Trago saliva y me concentro en el momento en que,
cuando era pequeño, me arranqué de un portazo
una muela que tenía atada al picaporte.

Mi vida y mi muerte mantienen un pulso.
Ante mi boca una gran ola de aire espera para romper
y continuar su ir y venir inundándome y secándome después.

¿Qué ocurriría si todo se detuviese,
si los anillos de Saturno dejaran de rotar,
si los ñus del Serengeti dejaran de migrar,
si dejara de desear cosas imposibles?

Mi resistencia expiró y la gran ola de vida se precipita dentro de mí.
Poco a poco la máquina normaliza su funcionamiento.
El autómata ganó el pulso con su principal arma: La ignorancia.


© Ricardo Guadalupe

10 comentarios:

Berni dijo...

Hola, Ricardo.

Soy Berni, de Librería Luces, compañero de trabajo de María.

Simplemente quisiera agradecerte la charla tan interesante que nos diste el otro día y pedirte disculpas por marcharme sin despedirme (estaba con la cabeza en otra parte, perdona) :S.

Hemos puesto un enlace a tu blog en la página de nuestro club.

Un saludo

Poli dijo...

Autómata, vos?
puff! no me la creo!

Mira no sé realmente qué pasaría si todo se detuviera un día, pero no dejes de escribir ni en la más exquisita quietud.



Besos!

graze dijo...

Muchas veces el ritmo lo es todo, inspiro, espiro, inspiro, suspiro... ;)

Lala dijo...

Resistirse es torturarse. Más vale dejar que todo fluya,
que entre, que salga, que se vaya cuando quiera.
Ya quisiéramos alguna vez ser autómatas para descansar un rato...Una treguaaaaaa, necesito una treguaaaaaaaa!
:D



Un besito



Lala

Luzdeana dijo...

Volví a leerlo para practicar el ejercicio mientras lo hacía. La parte de autómata nos permite seguir en el mundo real... lo cual no es un asunto menor. Pero perder el aire a veces, es vital para captar esas sensaciones que después vamos a traducir en palabras... o al menos eso vamos a intentar, no?
Lo has hecho tan bien en este poema!
Un abrazo grande, pero que no te asfixie!

mi nombre es alma dijo...

La ignorancia no solo reside en nuestro automatismo, a veces lo hace también en nuestras decisiones y ahí es donde debemos empezar a temblar.

Un placer leerte, como siempre

Deprisa dijo...

Quien vive en la ignorancia suele ser un hombre feliz, el conocimiento de las cosas suele atraer la tristeza...

A veces es mejor no saber nada y decicarse sólo a espirar e inspirar, como un autómata.

Alejandro Kreiner dijo...

Nuestro cuerpo no necesita de nuestra consciencia para seguir realizando el trabajo de vivir.

Saludos.

Ricardo Guadalupe dijo...

Estar por debajo del agua es para mí siempre un placer, por el silencio, por el distinto modo en que se mueven las cosas, y porque allí abajo todo parece dotado de una mayor suavidad y ligereza. Si a esto añadimos mi gusto por hacer apnea sumergido en el agua, entonces a esas sensaciones hay que sumar las de mis propios pulmones y corazón, que se hacen más evidentes ante la ausencia de oxígeno y sometidos como están a la presión del agua, mayor cuanto más se desciende.

Así surgió el poema “El autómata”, haciendo apnea bajo el agua, dándome cuenta de lo mucho que luchaba mi cuerpo por sobrevivir, por una nueva bocanada de oxígeno, cuando en realidad mi deseo era seguir allí abajo, sin importarme demasiado si terminaba ahogado o no. Como os podéis imaginar, mis ánimos no estaban en su momento más álgido precisamente, y no había nada que me motivara especialmente para subir a la superficie, al mundo de los humanos. Fantaseaba con la idea de quedarme, y quizás bucear detrás de algún delfín, como el protagonista de El gran azul, o quizás simplemente quedarme, sí, está claro que estaba deprimido.

Por entonces leía libros sobre suicidios y cosas así. Me sorprendió bastante leer en uno de ellos que estadísticamente el método que más utilizaban los suicidas era el de ahogamiento. Y pensé en la estrecha vinculación que existe entre la respiración y la vida, y en cómo atacamos la respiración cuando queremos acabar con nuestra vida, aunque sea inconscientemente. Esto lo comprendí aún mejor cuando recordé mi infancia y mis problemas de asma.

Gracias por bucear conmigo por un rato al leer “El autómata”. Y Berni, te agradezco mucho que hayas enlazado mi blog. Vivir ese encuentro del club fue una experiencia inolvidable, de veras.

El callejón de los negros dijo...

Cualquier cosa menos que los ñus del Serengeti dejen de migrar.

Mientras seguimos inspirando y espirando.

saludos
Antonio