miércoles, 30 de diciembre de 2009

Alicia de las estrellas


Alicia llevaba días sin salir de la cama, no miraba más allá del techo de su habitación, pero lo cierto es que tampoco en el techo se fijaba mucho, ni siquiera en las estrellas fosforescentes que había pegado en él hace un tiempo. Sólo después de muchos días y muchas noches su mirada perdida se percató del brillo que las estrellas fosforescentes de su techo emanaban en la oscuridad. Entonces tuvo la sensación de estar dormida, aunque en realidad estaba despierta, y quiso soñar y despertarse al mismo tiempo, lo que fuera con tal de que no desaparecieran esas luces. Se decía a sí misma que nunca había tenido la cúpula del cielo tan cerca. Estiró los brazos hacia el techo, quería calentarse las manos con la luz de las estrellas fosforescentes a la vez que su cuerpo se removía sobre la cama dibujando nuevas formas en la sábana. Así se quedó dormida, retozando al calor de las estrellas. Cuando despertó tenía una pequeña estrella tatuada en la palma de cada mano, no cabía duda, las mirara por donde las mirara eran auténticas estrellas, qué hacer, qué se supone que se debe hacer cuando se es tocado por las estrellas. Se juntó las palmas de las manos, las volvió a separar, recorrió las puntas de las estrellas con los dedos, se tocó con ellas las mejillas, se acarició el pelo, las apoyó sobre la almohada, y finalmente, sólo después de hacer todo eso y como quien no quiere la cosa Alicia se levantó de la cama. Fue un visto y no visto, a los pocos segundos estaba de nuevo encima de la cama, pero esta vez no se tumbó, sino que se puso de pie sobre ella y con un pincel y un bote de pintura color oro trazó su propia silueta en el techo, uniendo para ello unas estrellas fosforescentes con otras mediante líneas que completaban la figura de Alicia. Había dibujado la constelación de estrellas de su cuerpo. La constelación de Alicia. Tanto le gustó verse que se quedó así un buen rato, contemplando cada estrella de su constelación, sin saber a ciencia cierta quién miraba a quién, si era Alicia quien miraba o quien era mirada o ambas cosas a la vez. Decidida como estaba, y exultante también, se puso a pintar su silueta esta vez en las sábanas, para no dejar sola a su reflejo del techo, y salió de la habitación, salió de la casa, alcanzó la calle con el mismo camisón que le había acompañado todo aquel tiempo. Era ya de madrugada, y allí estaban, esperándola, había llegado el momento de reencontrarse con ellas, las lejanas e inefables estrellas.


© Ricardo Guadalupe
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La imagen que encabeza esta entrada es una fantástica pintura de Luzdeana, quien de esta manera ha sido la primera de nosotros en ubicar la constelación de Alicia en el firmamento. Muchas gracias, Luzdeana, por hacer posible que podamos mirar fijamente a las estrellas sin apartar los ojos y por poner color a este relato.

15 comentarios:

Lydia dijo...

Te deseo un feliz año nuevo y que todo te vaya bien.

Un abrazo,

Urania dijo...

Oh! Qué bonito relato sobre una nueva mitología de las constelaciones!!!! Me ha encantado... En plan jocoso, me recordó también a esa leyenda urbana que corre por ahí en que, en es estado del anterior post de Baudelaire, fue a un tatuador y dijo que quería unas estrellas... ella se durmió, y el tatuador no paró hasta que le tatuó la mitad de la cara con estrellas! :)
Feliz año!!

Beatriz dijo...

Que tengas un buen final y mejor comienzo de año y que la imaginación no nos falte para recrearnos en otras galaxias, para alcanzar hasta lo inalcanzable, para deslizarnos por utopias a veces tan necesarias para soñar.
¡Hermoso relato Ricardo!

Pluma Roja dijo...

Un relato místico con un cierre inesperado.

Me gustó bastante.

Deseo que el año 2010 llegue lleno de salud, amor y tranquilidad. Son los deseos de tu amiga, Aída.

Hasta pronto.

El Drac dijo...

Me pareció un bello y a la vez triste relato; ¿puede haber algo más triste que la fantasía de una niña capeando los temporales de la muerte con su inocencia? Aunque en verdad creo que siento pena por mí, por no tener esas alas de fantasía que tuvo ella para irse tranquilamente con sus amigas: las estrellas. Un abrazo Ricardo y mis parabienes en todos los años que nos acompañes en este planeta.

Lala dijo...

Alcanzar las estrellas...Parece un hermoso sueño. Eso sí, luego cada cual a su lugar. Las estrellas en el cielo y con nosotros los sueños eternos de alcanzarlas.

Sabes, mi techo es oscuro, muy oscuro, precisamente porque quise pintar las estrellas con pintura dorada. Pero todavía está vacío...Puede que este nuevo año empiece a pintar esas estrellas en mi techo, que ya va siendo hora.
:D

Un besito y un abrazo, para empezar el año con calor.

FELIZ AÑO NUEVO!


Lala

lopillas dijo...

La constelación de Alicia. Lindo. Cada uno de nosotros deberíamos pintar la nuestra propia. De hecho me voy a poner a ello :)
Feliz entrada de año, Ricardo, nos vemos ahí a la vuelta de la esquina con un bote nuevo lleno de aventuras.
12 besitos

Luzdeana dijo...

Me encanta ver la lectura que cada uno hace de un texto fantástico o incierto o ambas cosas a la vez.
A mí me suena a un renacer. Será que tanto me atraen las estrellas. Y que no asocio al cielo con el destino final sino que lo veo como un lugar donde expandirse sin límites.
Que mi saludo te alcance junto con las campanadas que dan la bienvenida al 2010.

mi nombre es alma dijo...

Para hacer funcionar las estrellas, como dice Sabines, no hay más que apretar el botón azul. Algunos lo encuentran como Alicia.

Un abrazo, estupendo texto

Alejandro Kreiner dijo...

Todos tenemos nuestro propio universo mental, social, espiritual... y corporal.

Feliz Año Nuevo.

El callejón de los negros dijo...

FELIZ AÑO NUEVO. Te deseo que ames sin límites todo el año.

Antonio

malena dijo...

Precioso cuento. Gracias por la visita.
un saludo

graze dijo...

¡Cada uno tiene que encontrar su estrella! ;)

techocolatecafe dijo...

Qué bello alcanzar las estrellas. Precioso.

Un beso

Ricardo Guadalupe dijo...

Gracias por vuestros parabienes. Espero que, tal como ha interpretado el relato Luzdeana, este nuevo año tenga mucho de renacimientos y despertares.
Un abrazo