lunes, 13 de febrero de 2012

Leyendo "El fuego fatuo" de La Rochelle

Es muy posible que todos hayamos conocido algún Alain, el personaje que tan magistralmente retrata La Rochelle. Y seguramente todos caímos en el indudable atractivo que tienen este tipo de personas, tan osadas y con tanta capacidad para fantasear. Pero los Alains también tienen un lado oscuro que les condena y les aísla: su completa falta de madurez. De jóvenes no les supone tanto problema, aún cuentan con un físico que aguanta los excesos y que no tienen ningún reparo en utilizar para conseguir lo que quieren. Sus auténticas penurias comienzan cuando el frescor de la flor de su juventud se va marchitando. Primero porque tienen que abandonar una vida fácil por una vida de esfuerzo y responsabilidades. Y segundo porque el entorno que les rodeaba y alentaba resulta ser tan efímero y artificial como la visión que ellos mismos tienen acerca de la vida. Pero lo peor es que se empeñan en mantener esa visión irreal e ilusa de la vida, a menudo recurriendo al alcohol o a los estupefacientes, a cuya adicción son propensos. Todo esto es Alain, todo esto nos lo encontramos en la novela El fuego fatuo. Esto y una descripción sobrecogedora del síndrome de abstinencia, que puede ser tan mortal como una sobredosis, tal y como se ha demostrado, dramáticamente, con la muerte de la cantante Amy Winehouse. A continuación, he seleccionado una serie de fragmentos del libro que ilustran a la perfección el tipo de idiosincrasia al que nos estamos refiriendo y que a mi parecer marcan las líneas maestras de la historia. Para empezar, el que habla de la urgencia a la que se ve abocado el personaje para aceptar su inmadurez y a partir de ahí poder salvarse:

Entonces fue cuando quiso desintoxicarse según los ritos, entrando en un sanatorio. Allí se dio plena cuenta de su hundimiento. En medio de los locos y al mando de doctores y enfermeros, volvía a esclavitudes primarias: colegio y cuartel. Tenía que reconocerse niño o morir.

El siguiente es el mundo que rechaza Alain y en el que antiguos amigos, más consecuentes que él, han entrado:

Dubourg se dedicaba a la egiptología desde hacía poco, a la vez que se había casado. Alain vio, no sin ironía, cómo se amansaba su antiguo compañero de borracheras. ¿Qué derrota había buscado entre aquellos papiros? ¿Qué hacía con su mujer y sus dos hijas? ¿Qué era aquella soledad repleta?

Cuando digo “consecuentes” quiero decir con las ideas más claras, con mayor conciencia del tiempo que les toca vivir. Alain, en cambio, sigue anclado en un tiempo que ya no existe y que ni siquiera sabe si realmente existió:

–No quiero envejecer.
–Echas de menos tu juventud como si la hubieras empleado bien –dejó escapar Dubourg.
–Era una promesa; he vivido de una mentira. Y el mentiroso era yo.


El engaño es su perdición. Adopta la postura de quienes creen que pueden eludir los cambios y el paso del tiempo simplemente no pensando en ello, la postura de quienes creen que correr es lo mismo que avanzar:

Había que desplazarse sin cesar, ir de un lado para otro, no quedarse en ningún sitio. Huir, huir. La embriaguez es el movimiento. Y sin embargo, se permanece en el mismo sitio.

La Rochelle escribió el personaje de Alain inspirándose en la vida de su amigo y poeta Jacques Rigaut, quien se suicidó con un tiro en el corazón. El propio autor, La Rochelle, acabó también suicidándose, aunque por otros motivos.

El fuego fatuo, de Pierre Drieu la Rochelle, fue reeditado el pasado año por Alianza Editorial en el 80 aniversario de su primera edición en Francia.


Este artículo me lo publicaron en la revista digital Terral, en su número de enero del presente año.

4 comentarios:

Rochitas dijo...

En mi blog http://delaberintosydeespejos.blogspot.com/2012/01/borges-vale-el-viaje.html
justamente hablaba de Drieu y su Borges vale el viaje hace unos post atrás. En mi caso personal bastó su Confesión y otros escritos, para que lo amase y comprendiese como a aquellos seres cercanos y adorados a los que les perdonamos cualquier error.

Ginés Vera dijo...

No conocía esta obra obra de La Rochelle pero si me la recomiendas, me la anoto para leerla.
Mi humilde aportación, ya digo que por ignorancia literaria, me permitirás que sea una cita: "el mal conoce al bien, pero el bien no conoce al mal".
Un saludo.

MariluzGH dijo...

Pues ya tengo un libro más que añadir a la mesita de noche :)

dos abrazos

triton toit dijo...

He tenido problemas con encontrar este libro en mi país y mas en Internet, ustedes podrían subir esta gran obra a la red, y compartirla se les agradecería.

thanks, saludos