jueves, 9 de octubre de 2008

EL BINOMIO FANTÁSTICO / Las palabras inspiradoras

INTRODUCCIÓN

Veamos una faceta diferente de la palabra, porque resulta que la palabra en sí misma puede ser un auténtico disparador de la creación. Hay que tener en cuenta que a los escritores no siempre les llegan las ideas con facilidad. Y es entonces cuando entran en juego las técnicas de inspiración, como la llamada “el binomio fantástico”, de la que vamos a hablar ahora porque abre las puertas de la imaginación con las palabras, concretamente con dos palabras.

ETIMOLOGÍA

Por eso se llama así esta técnica, porque binomio viene del latín binomium, que significa “de dos partes”. De hecho, la definición de binomio dice que es un conjunto de dos personalidades o elementos que funcionan como un todo. Y tenemos como ejemplos desde el binomio de Newton, hasta el binomio cómico Lauren y Hardy, o el binomio literario Don Quijote y Sancho Panza.

DEFINICIÓN

En cuanto al binomio fantástico, las dos palabras que lo formarían son elegidas al azar, por ejemplo al abrir un diccionario, y siempre que no tengan nada que ver entre sí. Este sería el caso de pingüino y almohada, o tinta y trapecio. Luego se trata de intentar vincularlas de algún modo y crear una historia que las contenga. Cuanto más dispares sean, más tendremos que estimular nuestra fantasía y más insólita será la historia. Quién sabe si reloj y conejo fueron las dos palabras punto de partida de “Alicia en el país de las maravillas”.

HISTORIA

Este método se le ocurrió a un escritor de literatura infantil, el italiano Gianni Rodari, que además era maestro. Fue en su libro “Gramática de la fantasía”, de 1973, donde se enuncia por primera vez “el binomio fantástico”. En él nos aconseja, para facilitar la invención de la historia, probar a unir las dos palabras con diferentes preposiciones hasta que una de las uniones nos resulte sugestiva. Por ejemplo, puede que pingüino sin almohada no nos diga nada, pero pingüino con almohada puede dar lugar a una narración sorprendente.

EJEMPLOS

Hay un ejemplo muy ilustre: “La metamorfosis”, de Kafka. No digo que se creara así, pero podría perfectamente haber surgido de unir las palabras hombre y cucaracha.

Y derivado de este método, el mismo autor, Gianni Rodari, planteó otro que consiste en unir un sujeto y un predicado elegidos al azar. Si unimos el sujeto Península Ibérica y el predicado navegar por el océano, pues tenemos “La balsa de piedra”, la novela de José Saramago en la que la Península Ibérica se separa del continente y navega a la deriva por el océano.

PARTICIPACIÓN

Bien, ya sólo nos queda la propuesta de participación, y habiendo hablado del binomio fantástico voy a proponer dos palabras que espero nos sirvan de inspiración para escribir una pequeña historia que las incluya. Las palabras son caja y beso.

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