viernes, 17 de abril de 2009

Ituina

Mi padre me pidió como último deseo volver a ver Ituina. Poco podía ver ya pues apenas veía sombras, pero yo alquilé una avioneta. Le dije que atravesaríamos el océano para sobrevolar su pueblo natal. Nunca olvidaré el momento en que le anuncié que aquéllas luces eran Ituina. Su mirada era la misma con la que un día antes le había sorprendido ante un papel viejo; aquel papel en el que escribí yo de niño mi primer cuentito. No importaba que ya no lo pudiera leer, tampoco que aquellas luces no fueran Ituina. Lo importante es que mi padre bajó del avión habiendo cumplido hasta su último deseo.


© Ricardo Guadalupe

14 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Estos microrrelatos son el resto de los que presenté, junto a los que ya os mostré hace dos semanas, al mencionado concurso de la Cadena Ser.

Releyéndolos recuerdo lo encriptado que me gustaba escribir antes, planteando los relatos casi como enigmas o adivinanzas. Eso se acabó. Ahora doy prioridad al objetivo de presentar mi posición ante lo que me rodea y de hacerme entender, que ya de por sí es complicado. “Comunicación, comunicación”, sería mi grito en el cielo.

Un abrazo

Esteban dijo...

Pues por una parte es una pena que no nos pongas más relatos porque son "fascinantes", de verdad y por otra me alegro que vuelvas a escribir artículos de opinión ¡que también me gustna mucho!

Un fuerte abrazo,

Esteban
http://champanporlastetas.soy.es

graze dijo...

Pues debe ser que me gustan los textos encriptados en los que se da protagonismo al lector que tiene que hacerse una composición de lugar con las "pistas" que deja el autor... Ituina me ha gustado mucho =)

Lala dijo...

El texto es todo generosidad y ternura. Creo que me deja sensación de paz y buen sabor de boca, a pesar de ser un texto con la muerte presente.

Hola!
Como te he encontrado en mi espacio, he venido para agradecer tu visita, y ya llevo un rato bien grande pasándolo bien con tus palabras escritas y esas narraciones! Es genial Cyrano. Me ha encantado todo.
Siento que vengas a mi espacio en estos momentos de horas bajas, cuando no sé ni siquiera qué decir...Una lástima que no conocieras mis espacios anteriores.
Por cierto, Alma puso su voz a algunos de mis textos :D


Un beso y gracias por la visita


Lala

Alejandro Kreiner dijo...

La ilusión, la nostalgia y la esperanza forman un buen cóctel.

Saludos.

José Ignacio dijo...

Excelente confianza la del padre, casi ciego, del relato.
Hasta pronto

Felipe Sérvulo dijo...

Muy buenos tus microrrelatos.
Espero volver.

Poli dijo...

Que gratificante leerte. No sólo aquí sino, al encontrar comentarios en blogs amigos.

Como ya lo dije antes la literatura no es lo mío y suelo leer un tanto literal.
Y al leer tu relato sobre tu padre, tu corriéndolo para hablarle, sin alcanzarlo. Y el marcando tu incapacidad de hablar, me han remitido a la relación con mi padre. Quizá lo tuyo sea sólo literatura (eso espero) pero bien has sabido lograr que me identifique.
Y (siguiendo con mi literalidad) no se si pudiera, si supiera cómo, cumplir sus últimos deseos.

De la mano de tus relatos, nuevamente me he puesto a pensar en lo que a diario me resisto.
Gracias.
Un abrazo

Alma dijo...

Parece una frase manida pero es verdad, seguro que lo veía todo con el recuerdo hermoso de lo vivido.

Estupendo relato

Saludos

jimeneydas dijo...

Tu microrrelato me dejó insatisfecho, quizá porque he vivido más o menos de cerca qué tan importante puede ser para un anciano el cumplimiento real de sus últimos deseos, como lo platico con esta anécdota:
El anciano, que vivía con su familia en la ciudad, un buen día comenzó a expresar cuánto le gustaría visitar su lejano pueblo natal. De cuando en cuando hacía saber su inquietud, pero la acelerada vida de sus descendientes lo impedía.
Un buen día, alguno de sus nietos se acomidió a llevarlo. Pasearon despacio por las calles y rincones del pueblecito que le hcieron compartir sus historias. Y al regresar esa noche a la ciudad, el viejo murió plácidamente en su cama.

missno dijo...

Me gusta tu estilo. Me encantan los relatos cortos son como recortes o instantáneas de vidas, como encapsular momentos.

Ricardo Guadalupe dijo...

Esteban, mil gracias por lo de “fascinantes”, es estupendo haber contactado contigo, siempre son importantes las palmaditas en la espalda, sobre todo cuando uno no las tiene todas consigo. Me alegro mucho de que te gusten. En cuanto a escribir relatos, claro que voy a seguir haciéndolo, en mi comentario a lo que me refería era a que voy a tratar de escribirlos sin dejar ningún cabo suelto para que se entienda bien lo que quiero decir, porque a veces creemos que el lector puede entrar en nuestra mente y eso no es así, todos los elementos tienen que estar en el papel para que el lector pueda cerrar bien la historia.

Graze, así es como debe ser, tal como lo dices tú. Por ejemplo, ¿qué se entiende en el relato “El despertador”? Yo trataba de plantear una de esas crisis que a veces surgen en los matrimonios en el periodo vacacional. Y en lo que se refiere a Ituina, creo que todos tenemos nuestra Ituina particular. Un beso

Lala, qué bueno que me visites y que hayas disfrutado de tu paseo por mi universo. Es cierto que no conozco tus espacios anteriores, pero ya el que tienes ahora me parece interesante, me queda, eso sí, leer esos textos de los que hablas, o escucharlos con la voz de Alma, de la que ya conozco el sentimiento que transmite en sus lecturas. Por cierto, no estoy en horas bajas, más bien lo contrario, en todo caso estoy en un momento de cambio, pero para mejor, estoy seguro. Seguiré visitándote, estamos en contacto.

Ricardo Guadalupe dijo...

Alejandro, tú siempre con certeros aforismos. Muchas gracias.

José Ignacio, así es, la del padre es una fe ciega, je, je. Una fe ciega en su hijo y en que los sueños se cumplen. Un abrazo

Felipe, leyendo tus relatos y dándome cuenta del valor que le das a la escritura tu comentario me alegra muchísimo. Volveré por tu blog y por nocuentos.com, ese espacio que compartimos.

Ricardo Guadalupe dijo...

Poli, sí, es cierto, yo también me llevo una alegre sorpresa al encontrarte en otras “casas” que visito. Y no, en estos relatos no estoy contando la relación con mi padre, entre otras cosas porque yo no tengo padre. Lo que sí hice en el caso del relato “Vasos no comunicantes” fue fijarme en esa gente que aparentemente parece que no para de comunicarse con el mundo a través de móvil, ordenador, el trabajo,… pero a la que no veía nunca sentada hablando de forma distendida con nadie, y me imaginaba que tampoco con su familia. El caso del relato de “Ituina” es diferente, reconozco que fue una historia real que me contaron. Me pareció tan tierna y humana a la vez que no pude quitármela de la cabeza. Como espero que tengas tú presente tu relación con tu padre, porque en cuanto a las relaciones familiares se refiere creo que hay tener claro cómo están las cosas con cada uno. Un abrazo enorme.

Alma, los recuerdos será lo que tengamos hasta el final, cuidémoslos, y tratemos de crear buenos recuerdos. Besos

jimeneydas, muchas gracias por tu relato. Tienes razón, es importantísimo tratar de cumplir los últimos deseos para poder descansar en paz. Pero, ¿qué ocurre cuando éstos no son posibles? Bueno, el relato plantea algo así como una solución para esos casos. Y ahora que caigo, “Ituina” tiene cierto paralelismo con la película “Good bye, Lenin!”, ¿la has visto? Qué bien verte por aquí de nuevo, echaba de menos tus comentarios.

missno, tú si que sabes de estilo, y de encapsular momentos, aunque en tu caso a través de la fotografía. Un beso